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Qué es lo que está mal

En las últimas décadas, el gobierno que más ha hecho por su gente es el gobierno chino. Con tasas de crecimiento anual de alrededor de 8%, el gigante oriental ha sacado más habitantes de la pobreza que cualquier otro país en el mundo, ha construido una base industrial envidiable y ha crecido sus exportaciones al punto que se ha vuelto un dicho popular que todo se hace en China.

En contraposición a China, con la excepción de algunos países que están en guerra como Siria, el que más mal ha tratado a sus habitantes es Venezuela. Con crecimientos negativos parecidos a los positivos de China, los gobiernos de Maduro y Chávez llevaron a la pobreza a 80% de su población, destruyeron su aparato productivo e hicieron de su pueblo un colectivo de emigrantes que busca oportunidades en otras latitudes.

Lo sorprendente de estos dos ejemplos es que, independientemente de que los dos países tienen regímenes autoritarios que coartan las libertades individuales para mantenerse en el poder, es que China ha asumido y hecho suya una política de estado que hace su economía competitiva en el contexto global. El gobierno chino, después de muchos años de represión a la iniciativa privada, apoya de manera decidida a sus empresarios para que creen empleo y para que se lancen en nuevas iniciativas de negocio. No es sorpresa entonces, que China sea hoy el país con más millonarios en el mundo.

Contrariamente, el dilema de Venezuela ha sido que, independientemente de su gran riqueza en recursos naturales, que incluyen el petróleo, el gas natural, la bauxita y el mineral de hierro, tiene un gobierno que se ha enfrentado al sector privado desincentivando su expansión y expropiando su aparato productivo en vez de apoyarlo. La filosofía de Maduro y Chávez, que supuestamente le da prioridad a disminuir la brecha entre los pobres y los ricos de su país, paradójicamente ha logrado llevar a la mayoría de los venezolanos a la pobreza, al punto de que los únicos privilegiados económicamente son hoy los exponentes del régimen chavista.  

Colombia ha tenido crecimientos constantes de alrededor de 3,5% anual en las últimas décadas y, a pesar del discurso de los políticos, sigue manteniendo un índice Gini de desigualdad alto. El apoyo al sector privado de los gobiernos de turno se ha limitado en gran parte al de los grandes grupos económicos entroncados con la clase política. Mientras tanto, los nuevos empresarios que prosperarían en China se ven afectados por una avalancha de impuestos al sector formal que son periódicamente saqueados por la clase política en escándalos de corrupción como el de Reficar, Telecom y muchos otros que no salen a la luz. La mermelada que se esparce suave y constantemente en la tajada de los dirigentes hace que hacer empresa sea una labor de titanes.

Para mejorar la calidad de vida de sus compatriotas, Colombia necesita crear las condiciones necesarias para que el emprendimiento surja, facilitando el auge de la iniciativa privada, controlando el gasto del Estado en vez de subir los impuestos. Por eso los invito a que, además de evitar votar por candidatos populistas a quienes expropiar les parece divertido en las elecciones del 18, se inclinen por aquellos que sean capaces y tengan la disposición de contener las fauces de la clase tradicional que devora el bienestar y los sueños de los más necesitados