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¡Despabílese! Si usted y todos no hacemos sino quejarnos, estar aterrados por el resultado de las encuestas, manifestar nuestra preocupación, y realmente no hacemos nada efectivo, nos sentimos frustrados, amilanados, pero pasivos, como si la situación no fuera y no pasara por nosotros.
No, quejarse pasivamente no le sirve absolutamente a nadie. Tiende a agravar la situación y nos va llenando de miedo, de incertidumbre, y el efecto del miedo es que terminamos paralizándonos, desincentivando la actividad industrial, comercial y la inversión, y eso es lo más nocivo; pero, a su vez, eso es lo que está buscando el mal gobierno que tenemos. Es perverso.
Uno mira las encuestas y no deja de sorprenderse y de estar aterrado, pero realmente no sé por qué nos aterra cuando hay tanta inacción, cuando hay tanta apatía. ¿Acaso es tan difícil de entender qué es lo que hace el gobierno? Simple y llanamente aprovecha, malévolamente, que hay gente necesitada, que hay gente ignorante. Y es que este término está mal empleado y malentendido, porque la ignorancia no debe ser utilizada en un contexto despectivo. Todos somos ignorantes en algo, y el gobierno se aprovecha de que el común de la gente, de los jóvenes, es fácilmente manipulable, maleable.
Acá, tristemente, se aplica eso que mencionaba el gigante de la literatura Dostoievski, en su gran obra Los Hermanos Karamazov, y específicamente en El discurso del Gran Inquisidor: “¿Cómo puede haber libertad si la obediencia se compra con pan?”. Y esto, que parece una exageración, es lo que hace el gobierno: crear resentimientos, crear necesidades y manejar a los necesitados. Si no, ¿cómo se explica que todavía haya algo de favorabilidad del actual gobierno, que haya intención de voto por el candidato de la continuidad del desastre?
¿Por qué el gobierno tiene tantos adeptos si tiene tantas culpas en esta crisis tan espantosa, tanta desfachatez en todos los frentes, pero especialmente en el manejo y la participación en la corrupción? La respuesta es sencilla: porque manipula, porque mal informa y porque juega con las necesidades y las esperanzas de los más necesitados.
¿De quién es la culpa? Sí, principal, pero no exclusivamente, del gobierno. Porque todos nosotros también somos culpables, indolentes.
Me llegó un meme en el que decía que los ricos -que, según Petro, somos todos los que producimos y ganamos para vivir medianamente bien- no nos preocupamos porque no nos va a pasar nada. Y, si uno se fija, eso no está lejano de la realidad. Hay una pasividad y permisividad absolutamente impresionantes, como si no nos causara perjuicios a todos. Obviamente perjudica más a las clases que más necesidades tienen, pero ellos están en un torbellino, en un círculo vicioso: como no tengo nada, y han matado mis esperanzas a punta de resentimientos, no importa lo que pase. Y así vamos, en una espiral destructiva.
¿De qué sirve la indignación en un plano interno o privado? De absolutamente nada. Todos deberíamos ser portadores de un movimiento de resistencia civil, establecer símbolos, establecer rituales, establecer formas visibles de protestar, crear primeras líneas, eso sí, pacíficas pero contundentes. ¿Cómo es que las empresas y los empresarios no se movilizan, no buscan movimientos sociales? ¿Qué es lo que no entienden? ¿Creemos que vamos a estar sentados toda la vida en el “curubito”, totalmente ajenos a la realidad, criticando a punta de whisky y de cócteles? No. ¡Qué error! ¡Qué espanto! ¡Qué pasividad!
¡Qué indignación!
¿Qué más nos falta? ¿O es que nosotros somos esto?
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