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Marc Eichmann - eichmannm99@yahoo.com

El McKinsey Global Institute, basado en un estudio que abarcó 71 economías emergentes, identificó dos factores que ayudan a explicar el desempeño económico excepcional de algunas de ellas: una agenda de políticas públicas que comprenden productividad, ingreso y demanda, y el rol no tan valorado, pero igualmente importante, que las grandes compañías han desempeñado para contribuir a ese crecimiento. No sorprendentemente, ningún país latinoamericano hace parte de este selecto número de economías asiáticas cuyo crecimiento económico, entre 1990 y hoy, colaboró, entre otros, a que la pobreza extrema mundial haya pasado de 35 % a 11%.

La causa más importante detrás del desempeño económico de estos países fue un aumento en productividad en promedio de 4,1 %, sustentada en altas tasas de inversión y ahorro interno, que se generan por las expectativas de retornos correspondientes a tales oportunidades. En Colombia, nuestro problema de productividad es de larga data y la primera pregunta que surge es porque en nuestro país este indicador solo mejora marginalmente.

Primero, Colombia no ha sido capaz de construir una infraestructura pública competitiva que responda a las necesidades de desarrollo del país, a nivel de transporte, ya sea vial, férreo o fluvial. La dificultad de generar una infraestructura competitiva ha estado ligada a la corrupción en la contratación por parte del Estado desde hace más de 30 años. Este factor se suma a la falta histórica de voluntad política que hace que, por problemas en la chatarrización del parque de camiones, los costos de transporte no sean competitivos, con un tinte de asistencialismo hacia un sector que históricamente ha presionado a los gobiernos de turno por medio de paros.

Otros factores importantes que posibilitaron el crecimiento de las economías del grupo fueron las altas tasas de inversión y de ahorro interno, que fueron, respectivamente, 10% y 20% superiores en los países exitosos. El ahorro interno fue jalonado en gran parte por políticas públicas a nivel de pensiones y su utilización enfocada en presupuestos públicos en los que la inversión fue preponderante a los gastos de funcionamiento del Estado. En Colombia, desgraciadamente, las presiones de diferentes grupos sociales y de nuevo, la corrupción, no han permitido que este factor se materialice en mejor infraestructura.

Por otro lado, muchos países con desempeño superior reconocieron la importancia de las empresas privadas, facilitando tanto la inversión como la competencia y, al mismo tiempo, creando incentivos para mejorar la productividad. En lugar de seleccionar a los sectores más rentables o a las compañías más exitosas de cada sector, se enfocaron en elevar la productividad de todas las industrias. Es indispensable que la política actual del gobierno Duque de dar incentivos al sector empresarial se mantenga en el tiempo, a la par de que los empresarios dejen de ser demonizados socialmente.

Finalmente, una lectura del estudio sugiere que el secreto del crecimiento económico está en tener gobiernos pragmáticos que se enfoquen en la mejora de la productividad y sus factores, no en un asistencialismo a grupos sociales con prerrogativas presupuestales, fiscales o regulatorias. De lograr tener gobiernos fuertes que no cedan a presiones de sectores particulares depende que a todos los colombianos nos vaya mejor.

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