Pinitos al desempleo

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Recientemente el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, manifestó su incapacidad de explicar la razón por la cual el desempleo crece en Colombia. Manifestó que, no obstante, aumenta la producción, hay factores atípicos como el estancamiento de la oferta de empleo en algunos sectores y una llegada muy significativa de migrantes, que alteran las cifras. Para Carrasquilla hay ocasiones en una economía en las que hay que disculparse porque no se entiende lo que está pasando y se tiene que persistir hasta dilucidar las causas.

Déjeme, ministro, contribuir con un par de ideas de lo que puede estar pasando desde estas páginas, en el entendido en que las propuestas aquí formuladas no tienen detrás un soporte detallado desde las ciencias econométricas.

Lo primero es que el sector de la construcción está en franca caída. A pesar de que por 14 años y hasta 2016 la construcción de vivienda creció, hace tres años que decrece. El Gobierno está buscando medidas para recuperarlo, en concertación con Camacol, pero la realidad es que el mercado del usado pasó, en los últimos años, de 66% a 83% de participación, generando una caída en la actividad. La explicación sencilla de que el sector construyó por encima de sus posibilidades en años anteriores y existe un ajuste en el ciclo, parece no ajustarse al desempeño de muchas ciudades en las cuales la actividad constructora cayó a pesar de que la generación de hogares estuvo por encima de la construcción de vivienda.

La razón, a mí entender, señor ministro, tiene que ver con que el costo de construir vivienda ha crecido significativamente sin que esto implique una mejor propuesta de valor para el comprador. Los cambios en normatividad, como la ley de vivienda segura o ley “space”, el Ritel, que exige características costosas a los edificios para dar acceso a las compañías de telecomunicaciones y las cargas ocultas y no ocultas que cobran los municipios para edificar, han incrementado los requerimientos estructurales, los costos y, por ende, los precios de venta de la vivienda nueva. Estos errores normativos han sacado la construcción nueva del mercado, a la par de que la volatilidad en la tasa de cambio y el efecto Petro han ahuyentado a los micro inversionistas en finca raíz, aumentando la oferta de vivienda usada a precios razonables.

De segundo, está la irracionalidad de las políticas de empleo, donde la sensatez económica parece esfumarse en la ley. La política de dar fuero laboral a madres y padres solteros cabezas de familia, soportada en la jurisprudencia de la Corte Constitucional, a pesar de surgir para garantizar los derechos de los más vulnerables, es insensible en cuanto a la generación de empleo, ya que no vislumbra que, por esta legislación, los empresarios evitan contratar personal en esta situación.

En el mismo sentido, la visión del mundo de los sicólogos del Ministerio de Trabajo, que con nuevos bríos imputan a los empresarios la responsabilidad por la estabilidad emocional de sus empleados, por medio de la regulación de manejo del riesgo psicosocial, desincentiva el empleo, incrementando su costo para las empresas sin generar bienestar en la población.

Cuando las respuestas no se encuentran en grandes variables macroeconómicas, ministro, puede ser pertinente buscarlas en aquellos exabruptos evidentes y aparentemente menos impactantes.

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