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En materia de narcotráfico, Petro pensó que podía mamar gallo cuatro años y que iba a pasar la materia en el examen final. El informe del Ministerio de Defensa, publicado esta semana, demuestra que, en materia de crecimiento de cultivos ilícitos, destrucción de laboratorios e incautación de droga, el gobierno Petro se rajó -como en todas las otras materias-. Si estuviera en el colegio, habría perdido el año y lo expulsaban sin posibilidad de remediar. Aquí, por el contrario, lo quieren premiar eligiendo a su amigo de patio.
No se puede pretender hacer acuerdos con criminales, nombrarlos como gestores de paz, entregarles los bienes incautados por la SAE y amarrar al Ejército y a la Policía para que no los persiga, y esperar un resultado diferente. Como dice la famosa frase, locura es seguir haciendo lo mismo y esperar otro resultado. Pero como Petro se acostumbró a decir tantas mentiras sin consecuencia alguna, pensó que podía ir a la Casa Blanca y presentar una serie de cifras sin sustento o evidencia, y que la administración Trump le iba a comer entero.
La realidad es que el país está peor que nunca en materia de lucha contra las drogas y la delincuencia organizada. Lo más grave es que ni siquiera podemos confiar en los datos que produce este gobierno. Desde los Acuerdos de La Habana en 2016, borramos con el codo lo que escribimos con la mano. Perdimos la inversión del Plan Colombia, desarticulamos la capacidad de inteligencia, acabamos con la profesionalización de la fuerza pública y abandonamos la lucha de los que perdieron la vida combatiendo a los narcos. Todo por la vanidad de unos pocos, la falta de carácter de otros y la incompetencia de este gobierno.
Ha quedado demostrado que la sustitución voluntaria no funciona. La noción de que la droga es cultivada por campesinos humildes en pequeñas parcelas es un eufemismo. Un país donde el gobierno está cooptado por los grupos criminales, donde la corrupción no se castiga sino se premia y donde más de 60% del territorio nacional es controlado por la delincuencia organizada, es imposible creer que un campesino pueda tomar la decisión discrecional de sustituir la coca por piña, aguacate, palmito, marañón o cualquier otro producto agrícola. En zonas donde la gente no puede votar libremente, mucho menos van a poder morder la mano que los alimenta.
No podemos seguir eligiendo a quienes venden la falsa paz, cuando lo único que pretenden es seguir llenando la tula y amasando poder político en sus zonas de influencia para seguir controlando el negocio. Pero más que abogar por un tema de fortalecimiento institucional -que se necesita- o desarticular las economías ilegales -pegarles en el bolsillo-, lo que se requiere es voluntad política y cojones para hacerlo.
Sé que es fácil exigir una lucha frontal desde la comodidad de nuestros hogares, pero tristemente, para extirpar este cáncer no hay otra manera de hacerlo. Fumigación aérea y plomo.
No es momento para elegir al más decente, al más estructurado o al de mayor experiencia. Desafortunadamente, hay que escoger al candidato más gamín, a quien esté dispuesto a remangarse y meterse en el barro a dar la pelea de frente y sacrificar todo lo que ha construido, como le sucedió al presidente Uribe.
Parafraseando a Jorge Negrete: ¡Ay Jalisco -o mejor-, ay Colombia, no te rajes!
Para nosotros, es la confirmación de que la disciplina fiscal y la eficiencia en el gasto han sido la clave. En 2024, el Atlántico mantuvo un margen operativo de 30%, superando 34% al cierre de 2025
El preocupante deterioro macro de Brasil es similar al de Colombia