Analistas

La economía a lo Froome

La semana pasada el director de investigaciones económicas de Corficolombiana consideró la probabilidad de un recorte en la calificación de Colombia, dejándola a un escalón de perder el grado de inversión. Y es que la deuda externa, que ha crecido gracias a la inversión de agentes extranjeros en bonos soberanos, no disminuye, dado el elevado déficit histórico de cuenta corriente.

Sin embargo, la real preocupación con respecto el desempeño futuro de la economía proviene de factores institucionales y políticos. El destape de la corrupción, que se venía intuyendo desde que el ministro Echeverry acuñó el término de la “mermelada”, aunque necesario para erradicar el mal, genera una incertidumbre entre los votantes que, aunada a la debacle de la justicia desde sus más altos estamentos, ha levantado las alertas ante la posible elección de un candidato presidencial populista, ya sea de izquierda o de derecha.

Dicha elección, de darse, pondría en duda reformas absolutamente necesarias para reencausar el rumbo de la economía, como la reforma pensional y una ejecución responsable del presupuesto nacional que nos reoriente hacia la senda del crecimiento. Es necesario que elijamos un candidato serio que, además de manejar el país desde el rigor que genere crecimiento, se asegure de mejorar las condiciones de los millones de colombianos más desfavorecidos, y no solamente las de 6.000 guerrilleros privilegiados que decidieron, por lo menos por ahora, no volver a empuñar las armas y abandonar el negocio del narcotráfico.

Pero la economía colombiana, a pesar de los nubarrones que se divisan en el horizonte, sigue teniendo un comportamiento apropiado, creciendo más que sus pares de la región y atrayendo inversionistas que, así traigan capitales golondrina, le siguen apostando al país. El peso colombiano, a pesar de los problemas mencionados sigue revaluándose sin que se entienda a cabalidad la razón de su fortaleza. Como la bicicleta de Chris Froome, que después de subir a ritmos intensos durante la etapa 12 de la Vuelta a España, parece seguir desplazándose sola por motivos desconocidos, la economía colombiana podría seguir moviéndose gracias a un motorcito escondido e ilegal.

Con más de 200.000 hectáreas cultivadas de coca que producen alrededor de 1.100 toneladas de cocaína pura al año que se venderían a $4,7 millones por kilo en las ciudades colombianas, una estimación conservadora de los ingresos por este negocio estaría alrededor de $5 billones al año, equivalente al incremento anual planeado de recaudo de la última Reforma Tributaria. Si se considera el precio al por mayor del alcaloide en Miami, los ingresos por cocaína producida en nuestro país serían de alrededor de $70 billones al año, algo así como el doble del pago por pensiones del presupuesto público colombiano.

Considerando que los ingresos por el negocio del narcotráfico han crecido significativamente en los últimos tres años, no es sorprendente que el peso colombiano no se haya devaluado y la economía se siga moviendo como parece desplazarse la bicicleta de Froome. El problema es que, si estuviera moviéndose por esta razón, muy probablemente Colombia terminaría descertificada por los Estados Unidos y con problemas institucionales complejos, como quedaría descalificado el corredor nacido en Kenia si estuviera haciendo trampa.