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Analistas 18/09/2018

Florence vs. Trump

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor asociado de la Universidad Eafit

Ahora que se sienten los efectos del huracán Florence en territorio estadounidense, resurgen los cuestionamientos al presidente Trump en relación con la posición que ha adoptado frente al cambio climático. Todo apunta a que las arremetidas medioambientales cada vez son más agresivas y que ello necesariamente se vincula con dicho fenómeno. Las últimas décadas han sido críticas al respecto.

Un recorrido por los efectos que ha generado la naturaleza de manera directa en el país debe incluir -entre otros-, episodios de huracanes como los vividos en 2012 (Sandy, Nueva York y Nueva Jersey), 2008 (Ike, Isla de Galveston, costa texana), 2005 (Wilma, Costa Este de los Estados Unidos; y Katrina, Nueva Orleans), y 1992 (Andrew, también denominado el “Big-One; Homestead). Las consecuencias de estos fenómenos naturales han sido realmente impactantes, tanto a la sociedad como a la economía norteamericana.

De acuerdo con un informe publicado en el diario El País de España, bajo autoría de Nicolás Alonso, esos cinco huracanes han sido los más costosos e impactantes en la historia de los Estados Unidos. Nótese que solo uno de ellos se presentó el siglo pasado, los demás ocurrieron a comienzos de este siglo y están clasificados como claros efectos del fenómeno de cambio climático que padece el planeta.

De acuerdo con el informe que se cita, el costo producido posterior a esos eventos superó los US$219.000 millones, y se clasificaron de mayor a menor, en la siguiente escala: el más impresionante y costoso de ellos fue Katrina (US$108.000 millones), seguido de Sandy (US$50.000 millones), Andrew (U$$25.500 millones), Ike (US$19.300 millones), y Wilma (US$16.800 millones), generando un enorme impacto en la economía doméstica del país del norte.

Y ahora que se evidencian los efectos del huracán Florence, surgen nuevos interrogantes sobre la arbitraria posición del gobierno estadounidense, pero, sobre todo, la del presidente Trump, que se ubica en dirección contraria a apoyar los propósitos globales trazados para atenuar los efectos del cambio climático.

Aunque por muchos se cuestione el vínculo entre los efectos del cambio climático y las oleadas, cada vez más agresivas, de huracanes que azotan cada año las costas norteamericanas y el Caribe en general, en realidad existen indicios de una relación directa entre dichos fenómenos.

El aumento comprobado en las temperaturas de la tierra, que incluye a los océanos, ha hecho que el mar Caribe sea cada vez más propicio para la formación de los vientos huracanados del tipo Florence.

Un año atrás, mientras analizaba lo que venía sucediendo en Estados Unidos con el huracán Harvey, el corresponsal de BBC para asuntos ambientales (Matt MacGrath) emitió un reporte en el que precisó, a partir de una entrevista realizada a personal diverso del Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment, de London School of Economics, que el aumento en las temperaturas de los mares es algo ya comprobado y, como se indicó en dicha publicación, “los huracanes solo se forman sobre aguas que tienen al menos una temperatura de 26,51°C”. A ello se suma el informe emitido por The Associated Press, a partir de la consultoría a más de una docena de científicos que estudia el cambio climático y los huracanes. La conclusión es que para la mayor parte de los expertos abordados está claro que la mano del hombre ha llevado a que el nivel de los huracanes alcance tal agresividad.

Así las cosas, la evidencia demuestra que los efectos del cambio climático que niegan, además del presidente estadounidense, variados científicos y analistas, sí están haciendo que fenómenos como los tradicionales huracanes que arriban a las costas caribeñas durante el tercer trimestre del año (siendo estrictos en tales eventos, estos se extienden por más de tres meses, durante el segundo semestre), resulten cada vez más catastróficos. Corresponde al presidente Trump sincerarse consigo mismo y con sus gobernados.