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Tres desafíos de la economía moderna

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En una entrevista reciente (Hard Talk, BBC), Olaf Scholz, vicecanciller y ministro de Finanzas de Alemania, respondió preguntas sobre el panorama poco alentador de la economía de su país. Con un pronóstico de crecimiento para 2019 de apenas 0,5% y una continua contracción de la industria, relacionada con la caída en las exportaciones, aparecen tres temas que bien podrían servir como referentes sobre los retos que deben enfrentar las economías modernas.

Un primer factor para tener en cuenta en relación con este desempeño económico y las expectativas hacia los próximos años es el entorno económico y político global. La coyuntura actual se caracteriza por un proteccionismo en ascenso, con repetidas amenazas de China y Estados Unidos de escalar la imposición de aranceles y con Donald Trump calificando a Europa y otros aliados históricos como sus enemigos comerciales. Igualmente, la incertidumbre generada en torno al Brexit ha contribuido a enrarecer el ambiente.

Este contexto hace especialmente vulnerable a la economía germana por su alta dependencia de las exportaciones. La materialización de las amenazas de Trump de poner aranceles a los automóviles alemanes – industria donde se concentra el 8% del PIB de este país – solo agravaría tal situación. Según datos de Bloomberg, 4% del PIB está expuesto a riesgos asociados a estos fenómenos.

Justamente, muy relacionada con la crisis en el sector automotriz aparece el segundo desafío: hacer compatibles los objetivos del desarrollo económico con aquellos de la protección del planeta. Hace un par de semanas la Comisión Europea acusó a las compañías alemanas BMW, Volkswagen y Daimler (Mercedes-Benz) de coludirse para limitar la introducción de tecnologías de emisiones limpias, lo que ha llevado a la apertura de una investigación antimonopolio contra dichas firmas.

Este proceso se suma al escándalo de 2015 resultado de que Volkswagen fuera encontrada responsable de diseñar dispositivos para falsear la información sobre las emisiones de sus vehículos, con graves afectaciones para la salud y el medio ambiente.

Las eventuales sanciones que resulten de esta investigación podrían representar un duro golpe a la industria automotriz, así como la notificación de que es imposible seguir dependiendo de tecnologías del pasado y que existen instituciones encargadas de velar por ello. Y precisamente en relación con las nuevas tecnologías aparece un tercer desafío para la economía alemana: ponerse al día respecto a China y Estados Unidos en materia del desarrollo y uso de la Inteligencia Artificial.

El pasado mes de noviembre Angela Merkel anunció el lanzamiento de una nueva estrategia para corregir el rezago en el que se encuentra su país en esta materia, pero con inversiones que distan mucho de lo esperado. El fracaso en este esfuerzo tendría graves implicaciones para el sector automotriz, donde tales tecnologías juegan un papel cada vez más crítico.

Los desafíos de adaptarse al nuevo contexto político y económico global, hacer compatible el desarrollo económico y la protección del medio ambiente, y acelerar en la carrera por el uso y desarrollo de tecnologías disruptivas no son exclusivos de la economía alemana.

Sin embargo, así como en ese país, los riesgos de desconocer estos desafíos pueden traducirse en el crecimiento de grupos marginados y el ascenso de agendas políticas populistas con sus consabidos riesgos.

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