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Los retos que vienen en Colombia

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Un empresario amigo me hablaba que tenía miedo de la izquierda en Colombia. Me pidió un consejo sincero y le dije que a futuro una izquierda populista podía llegar al poder. Sobre todo porque el nuevo gobierno va encontrar un país descuadernado.

¿Qué retos encontrará el nuevo gobierno? Colombia en este próximo cuatrienio va encontrar dos grandes desafíos: el primero de ellos es el económico.

El país enfrenta uno de los endeudamientos más grandes de su historia, un crecimiento burocrático excesivo y una dependencia de los hidrocarburos, los cuales ni sostienen la economía ni la convidan a crecer. El nuevo presidente tendrá que recortar el gasto estatal, esto tendrá como consecuencia miles de desempleados estatales, los cuales inmediatamente serán opositores del gobierno; además, tendrá que haber recortes de subsidios, lo que hará crecer el descontento; mientras tanto, tendremos un candidato de izquierda diciendo que con él todo podría ser mejor.

El segundo reto es en materia de narcotráfico. Colombia viene presentando los índices de exportación más grandes en su historia en esta materia; la mata de coca está produciendo cosecha cuatro veces al año y su producción ha aumentado por hectárea, es decir, se produce más en menor espacio.

Adicionalmente fueron prohibidas las aspersiones aéreas y la erradicación manual no parece estar funcionando, más cuando se recorta presupuesto para estas. A este panorama se suma el proceso de paz en donde no se entregan las rutas del narcotráfico, siendo las Farc el principal grupo narcotraficante: llevan varios años a sus anchas, produciendo y exportando sin ninguna persecución estatal.

El próximo gobierno deberá llegar a abordar el problema. La nueva guerra contra el narcotráfico causará reacción por parte de estos grupos, porque, aunque sus cabecillas están aburguesados, la persecución traerá violencia en algunas regiones del país y con ella nuevas víctimas; mientras tanto se tendrá una oposición férrea resaltando los errores y señalando cómo con ellos una “paz duradera” habría sido posible.

Un buen espejo de lo que puede pasar es la situación de Bogotá. Al entrar a gobernar, Enrique Peñalosa jamás pensó en encontrar la ETB quebrada y Transmilenio en las mismas condiciones. Sumado a los múltiples problemas que no se conocen, arreglar la casa ha tenido un costo político alto, porque esa es una condición de la democracia, las decisiones lógicas no necesariamente son entendidas por la población.

Por lo tanto, no se sabe cómo va encontrar el nuevo gobierno a Colombia ni qué instituciones se encuentren comprometidas; a primera vista se vislumbran dos grandes retos y sobre todo decisiones difíciles que, necesariamente, traerán un costo de imagen, y con ella una oposición constante que recogerá el descontento, el cual, como demuestran las actuales elecciones, viene creciendo.

El nuevo gobierno deberá tomar las medidas necesarias pero sabiendo comunicar lo que se hace y, sobre todo, permaneciendo cercano a su población.

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