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Analistas 26/08/2022

Culpar a los padres

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política
JUAN MANUEL NIEVES

En una tertulia con un amigo, que tiene una gran historia de vida, señalaba que sus decisiones lo habían llevado a ser uno de los mayores expertos en Colombia en materia de sismorresistencia, había culminado su maestría en ingeniería civil en Los Andes y su doctorado en Berkeley, ambas becado y con calificaciones excepcionales.

Lo más asombroso de su historia es que creció en estrato 0, en un barrio de invasión en Bucaramanga; su historia, al inicio, es la de muchos colombianos que crecen sin grandes oportunidades, pero las buenas decisiones los va llevando por un camino de disciplina y éxito. Una de las primeras decisiones, fue no culpar a sus padres por su presente: el padre los había abandonado cuando jóvenes, la madre solo pudo costearle la educación en escuelas públicas. La historia pudo ser distinta si el tiempo lo hubiesen dedicado a culpar a sus padres; lo contrario, sabiendo la realidad decidió seguir estudiando en una universidad pública con la única opción de ganarse una beca como así sucedió.

No existen los padres perfectos; sin duda hay unos mejores que otros, pero la decisión de seguir adelante y no quedarse en las quejas es particular y eso brinda la madurez de aceptar que en el mundo por más que existan apoyos, se está solo, y cada uno debe ser responsable de su felicidad y de las decisiones que tome; culpar a los demás o reclamarle al universo es una sencilla forma de evadir la responsabilidad.

Aquella práctica de culpar a los demás y no asumir las responsabilidades es muy humano; el problema es que, si no se reconocen las fallas y no se asume como propia una decisión, no hay forma de corregir o emprender un rumbo. De igual forma, de nada sirve como ciudadanos vivir culpando de todo al papá Estado; con las pocas herramientas que se tiene hay que aprender a sobrevivir. Echarle la culpa de todas las desgracias a la corrupción, a la falta de oportunidades, a la falta de estudio o empleo, claro que tiene responsabilidad, pero no se puede vivir culpándolo de todo. Dicho comportamiento no es exclusivo de los ciudadanos; por eso molesta tanto la constante actitud de la alcaldesa de Bogotá con los problemas de la ciudad: no es capaz de reconocer sus fallas, no reconoce la improvisación en las ciclovías, ni los problemas de seguridad, ni la falta de planeación en la construcción de nuevas troncales; todos los demás son los culpables, desde los vendedores de carros, las antiguas administraciones y hasta los ciudadanos que votaron por ella; todos tienen la culpa, menos la propia administración.

El papá de mi amigo volvió con demencia después de viejo, a pesar de su enfermedad parece comprendió su error y la caridad y sobre todo la falta de culpar a los demás, les permite hoy atenderlo, sin reclamos, a sabiendas que las decisiones propias son las que marcan el camino y permiten tener una mejor vida. Ojalá mandatarios y ciudadanos sepan responsabilizarse por lo que pase, culpar al mundo solo trae lamentos, no soluciones.

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