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¿Pasará a la ropa lo que a los autos?

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Juan Isaza

A muy poca gente se le justifica tener un traje que solo use para las bodas o los grandes eventos. Por eso existen en todas partes estos lugares donde es posible rentar el traje, ahorrándose así el costo de la compra, pero también tener que guardarlo y cuidarlo. Con la ropa que usamos todos los días es diferente. A nadie se le ocurriría alquilar el pantalón para ir mañana al trabajo. Sin embargo, a muchos, seguramente más a las mujeres, les encantaría tener una cantidad tan amplia de prendas que pareciera que poseen un ropero infinito. Hace poco me encontré con una iniciativa llamada Nuuly, liderada por Urban Outfitters, la famosa cadena americana de tiendas de ropa informal y que consiste en un servicio mensual de alquiler de prendas.

La propuesta es muy simple: Uno se suscribe por una cantidad mensual y elige en la página web las prendas que quiere lucir ese mes. Una vez terminado el mes, regresa las prendas y elige las que quiere para el mes siguiente. Estrenar eternamente sin tener que hacerse cargo de guardar y mantener la ropa. Entonces lo primero que uno piensa es que quizás a la ropa le puede pasar lo mismo que a los automóviles. En muchos países desarrollados, la venta de autos cae de manera significativa y la gente prefiere alternativas de transporte que no impliquen el hecho de ser propietario. Se dice que las ensambladoras en el futuro tendrán que ser empresas de servicios y no se productos porque la gente querrá tener acceso al transporte, pero no necesariamente a ser dueño del auto. Muchas veces se dice que los millennials se caracterizan por preferir usar el dinero para vivir experiencias en vez de poseer objetos.

Pero además de esta tendencia en la que ahora inspira este nuevo servicio de Urban Outfitters (otras marcas como American Eagle y LOFT comienzan a ofrecer servicios muy similares), no solo está basada en la idea de poseer menos objetos, sino también en los intereses de una generación que cada vez se cuestiona más sobre el costo ambiental que implica la producción de vestuario. Ya varias voces se han levantado en contra de las famosas cadenas de “fast fashion” que ofrecen acceso a ropa de moda a un bajo precio. Varios influenciadores en Youtube comienzan a hablar del tema: invitan a sus seguidores a tener menos prendas por el bien del planeta. El otro día leía que solo en Estados Unidos se botan anualmente 15 millones de toneladas de textiles, cifra que, gracias al “fast fashion” se ha duplicado en los últimos 20 años.

¿Será que el futuro del vestuario consiste en que seamos eternos arrendatarios? Con el avance de los autos que se manejan solos, muchos vaticinan que se liberarán áreas enormes en las ciudades que hoy se destinan a los parqueaderos. Pues quizás llegue a ocurrir lo mismo en nuestras casas. A todos se nos liberará espacio que hoy dedicamos a guardar, a lavar y a secar la ropa. Muchos dirán que no tiene sentido o que a la larga se termina pagando más. Creo que no se trata de una tendencia pasajera. El afán por poseer menos objetos es el combustible de muchas ideas innovadoras hoy en el mundo. Por qué no pensar que los negocios que hoy rentan ropa para las bodas comiencen a ver en el vestuario diario la otra gran oportunidad de negocio. ¿Por qué no?

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