El mundo tendrá que aprender a convivir con el covid-19. La vacuna estaría ampliamente disponible solo hasta el segundo semestre de 2021, en el mejor de los casos. La cuarentena como política de mitigación para contener el contagio del virus es una estrategia ya erosionada y en el mediano plazo inviable. Por lo tanto, el mundo tendrá que recurrir al distanciamiento físico, el uso de máscaras, los protocolos de bioseguridad y otras estrategias de autocuidado para enfrentar la pandemia.

Esta nueva realidad, el nuevo normal, si se quiere, estará marcado por el cambio en actitudes sociales y comportamentales, tanto de personas como empresas, lo cual tendrá un efecto importante sobre la economía y las estrategias empresariales.

El distanciamiento social ha tenido y seguirá teniendo un efecto adverso en muchas actividades económicas y por ende en el empleo. Hasta el momento la pérdida de puestos de trabajo ha sido mayor en las áreas urbanas que en las rurales, pero es previsible que en los próximos meses se revierta esta tendencia y el empleo en las ciudades se recupere a un ritmo mayor que en las áreas periféricas o turísticas.

Algunas regiones como San Andrés, la Amazonía, el Caribe y el Eje Cafetero tendrán probablemente una tasa de desempleo más persistente por su dependencia económica al turismo.

En la nueva normalidad será clave la coordinación entre gobiernos locales, cámaras de comercio, gremios y otros actores regionales para facilitar la digitalización, la automatización laboral y la transición hacia otras actividades económicas de empleos que no volverán en el corto plazo en sectores como alojamiento y restaurantes, entretenimiento y turismo.

Este efecto adverso sobre el empleo y el crecimiento, no obstante, no será el único legado de este episodio. Como resultado del choque del covid-19, es previsible que el principio de eficiencia en las cadenas globales de producción y logística se complemente con criterios de robustez y diversificación geográfica.

Estos ajustes en la globalización pueden traer nuevas oportunidades para la economía colombiana. El aparato productivo doméstico podría sustituir, dado el nivel de complejidad de los bienes que como país podemos producir, 28% de las importaciones. Sin necesidad de adoptar medidas proteccionistas, el nuevo normal es una oportunidad única para impulsar una agenda estratégica de promoción a la producción doméstica, con el objetivo de aprovechar la probable reconfiguración del comercio mundial.

En lo que respecta al sector de comercio, es muy probable que el nuevo normal implique importantes cambios en los hábitos de consumo. Este contexto favorecerá una estrategia de negocios basada en i) una mayor penetración de productos de marca privada, ii) el fortalecimiento de eficiencias operativas y estrategias de precio, iii) énfasis en las redes logísticas, en función del mayor volumen de ventas por el canal digital y iv) una reorganización de la cadena de proveedores privilegiando la robustez y la diversidad geográfica.

Adicionalmente, el nuevo normal será una oportunidad para avanzar en una agenda de reformas, con el propósito de superar la alta informalidad del mercado laboral, y tener un gasto público que ayude de forma más efectiva a cerrar las brechas sociales y un sistema tributario eficiente y progresivo, pero que no recaiga en un número limitado de firmas y personas.