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¡La pobreza comenzó a subir!

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Los datos que acaba de presentar el Dane sobre la evolución de la pobreza multidimensional son preocupantes. Desde 2010, cuando se empezó a publicar este índice, es la primera vez que la incidencia sube. Los avances que se habían conseguido son significativos. Entre 2010 y 2016, el porcentaje de pobres cayó de 30,4% a 17,8%. De manera continua, la tendencia fue decreciente. Pero ahora, el comportamiento de la serie cambió de manera dramática, y entre 2016 y 2018, la incidencia de la pobreza multidimensional pasó de 17,8% a 19,6%. Este cambio de la tendencia es significativo, y es una alarma que la sociedad colombiana tiene que atender. La cifra es relevante por varias razones.

Primero, porque detrás de este porcentaje se oculta un drama social. Entre 2016 y 2018 el número de pobres pasó de 8,6 millones a 9,7. El aumento fue de 1,1 millones de personas.

Segundo, porque la pobreza multidimensional toca variables estructurales, que ya deberían estar resueltas. Es significativo el aumento de carencias en dimensiones relacionadas con las características de la vivienda. Entre 2016 y 2018 el componente que más aumentó fue “el acceso a fuente de agua mejorada”. En estos dos años subió 7,2 puntos porcentuales. Desde la óptica de las ciudades grandes e intermedias, en las que se han logrado avances significativos en vivienda, este dato puede parecer sorprendente, pero el deterioro en este indicador básico es una muestra de la brecha urbano/rural. El segundo crecimiento significativo fue “inadecuada eliminación de excretas” que aumentó 6,4 puntos porcentuales. Y “material inadecuado de pisos”, que subió 4,8 puntos.

Tercero, porque los cambios en la pobreza multidimensional muestran la brecha entre regiones. La peor situación se presentó en el Caribe, donde la pobreza aumentó 7 puntos, que representan 835.000 nuevos pobres. Entre las regiones del país no hay convergencia, y las distancias son relevantes.

Cuarto, porque el deterioro de la pobreza multidimensional está acompañado del empeoramiento de otros indicadores como la pobreza monetaria, que también aumentó. Entre 2017 y 2018 la incidencia pasó de 26,9% a 27%. Esta variación es importante porque, de nuevo, muestra que la tendencia descendente se está agotando.

Quinto, porque el aumento de la pobreza no se está presentando solamente en Colombia. El último informe de la Cepal sobre el panorama social de América Latina, muestra que entre 2015 y 2018 la pobreza monetaria subió, y el número de pobres pasó de 174 millones a 182.

Sexto, porque obliga a que el Gobierno tome decisiones que frenen el aumento de la pobreza, tanto multidimensional como monetaria. Siguiendo las advertencias de la Cepal, es necesario replantear la política económica, de tal forma que favorezca a la mayoría. En Colombia y en América Latina se han ido conjugando dos fenómenos que inciden negativamente en la pobreza. Por un lado, la reprimarización de las economías, que las ha vuelto cada vez más dependientes de las fluctuaciones de los precios de los hidrocarburos y de los minerales. Y, por el otro, la permanencia de la desigualdad, que no permite que los beneficios del crecimiento se repartan entre todos. Para la Cepal, el crecimiento pro-pobre obliga a llevar a cabo políticas que distribuyan el ingreso y la riqueza. Además, la equidad es una condición necesaria para la sostenibilidad ambiental.

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