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Analistas 18/12/2020

El socialismo participativo

Jorge Iván González
Profesor de U. Nacional y Externado

Imaginemos un orden social en el que haya una regulación estricta a la acumulación privada, sin llegar al extremo propuesto por Marx de una propiedad colectiva de los medios de producción. Es la propuesta del “socialismo participativo”, que hace Piketty en su libro Capital e Ideología.

Una forma de propiedad justa, dice el autor, que está anclada en dos pilares principales. Por un lado, “una participación real del poder y de los derechos de voto en las empresas”, de tal manera que se garantice la propiedad social. Y el otro pilar es un “impuesto fuertemente progresivo a la propiedad”, de tal manera que se impida la acumulación en manos de pocos, y se tengan los recursos necesarios para financiar inversiones nuevas.

El primer pilar va mucho más allá de la cogestión porque implica una participación accionaria de los trabajadores. Y el segundo caracteriza una forma de propiedad que Piketty llama “temporal”. La sociedad debe crear condiciones para que el excedente no se quede en un número reducido de personas, y pueda ser utilizado por muchos.

La propiedad temporal se garantiza a través de impuestos progresivos elevados. La tarifa del impuesto comenzaría en 0,1% para los patrimonios cercanos al promedio, se elevaría a 10% para los patrimonios 100 veces mayores, y llegaría hasta 90% para los patrimonios que sean 10.000 veces mayores al promedio.

Además, también habría impuestos elevados a las herencias, siguiendo una secuencia progresiva. Pensadores liberales como Mill también criticaron muy duro las herencias. En su opinión cada generación tiene que obtener los recursos a partir de sus propios méritos. Es injusto que el hijo disfrute de la riqueza de sus padres.

La propiedad temporal se justifica por dos razones. La primera es la capacidad de disfrute. Es un tema que aparece de manera reiterada en la filosofía hedonista. La persona tiene un límite en su capacidad de goce de los bienes. No es posible aprovechar, al mismo tiempo, de cinco aviones, 10 yates, 15 fincas y 10 apartamentos. Y la propiedad temporal permite que haya circulación del capital, y que las actividades productivas se diversifiquen, dándole la oportunidad a personas jóvenes.

De acuerdo con las estimaciones generales, las sociedades más ricas podrían ofrecerle a cualquier individuo que llega a 25 años, una dotación de 120.000 euros. De esta manera el capital circularía, dándole oportunidad a muchos.
La propiedad social tiene que estar acompañada de la educación universal y de la participación efectiva en los saberes y en los poderes. El conocimiento tiene que ser para todos.

El recuento histórico de la forma como las sociedades han convivido con la desigualdad, lleva a Piketty a concluir que a pesar de las dificultades, sí es posible lograr un orden social que sea incluyente, y en el que el excedente beneficie a todos. Y, sin duda, la tributación progresiva es un instrumento potente, que permite una mejor distribución de la riqueza.

Estos imaginarios pikettyanos son un buen punto de partida para reflexionar sobre el tipo de sociedad que queremos después de la pandemia. En entrevistas recientes el autor ha dicho que es optimista, y confía en que la evidencia de los desequilibrios actuales lleven a la humanidad a buscar soluciones radicales, en las que se cumpla el ideal benthamiano, de la mayor felicidad para el mayor número.

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