Analistas 22/09/2020

Se está perdiendo una gran oportunidad

Colombia ha estado a la vanguardia del desarrollo regulatorio para la naciente industria del cannabis medicinal en Latino América. Desde la expedición del marco regulatorio, contenido principalmente en la Ley 1787 de 2016 y el Decreto 613 de 2017, la inversión privada ha mostrado gran interés, dado que, según varios conocedores, Colombia tiene el potencial para un desarrollo exitoso de esta nueva industria.

Tras la encuesta de caracterización desarrollada por Fedesarrollo en 2019, se identificaron ventajas competitivas del país, entre las cuales se encuentran los bajos costos laborales, el clima, la luminosidad de 12 horas diarias y la experiencia productiva relevante vinculada a la floricultura y a la industria farmacéutica. Así pues, la apuesta sobre el desarrollo de la industria podría presentar un potencial exportador prometedor de aproximadamente de US$800 millones en los próximos cinco años.

El interés desatado por la industria del cannabis medicinal en Colombia es palpable. En los últimos 3 años, más de 600 licencias de distintas modalidades han sido concedidas y se han desarrollado inversiones por más de US$400 millones. No obstante, ese gran potencial, así como las cuantiosas inversiones que se han producido pueden verse comprometidas por no pocos obstáculos que están afectando la viabilidad de la industria, favoreciendo así oportunidades de inversiones en países vecinos.

Las trabas que afectan a la industria del cannabis en Colombia no son menores y superarlas exigirá la voluntad y determinación del Gobierno Nacional. Pese a la viabilidad legal, los inversionistas y empresarios se enfrentan a varias dificultades entre las cuales se encuentran el difícil acceso a servicios financieros, las trabas para la exportación y para la concesión de cupos de manera ágil y eficiente por parte de las autoridades competentes, la incertidumbre regulatoria y la falta de voluntad política para apoyar a la industria por parte del Gobierno Nacional. Todos estos cuellos de botella están asfixiando a las empresas, y a su vez, Colombia está perdiendo una gran oportunidad para el desarrollo de una industria que podría aportarle a la economía del país grandes beneficios en materia de generación de empleo, innovación y desarrollo, y diversificación de exportaciones.

Teniendo presente estas dificultades de la industria, quisiera detenerme en una en particular: la prohibición de exportar flor seca, con fines comerciales, contenida en el Decreto 780 de 2016. Esta prohibición constituye una gran amenaza para el desarrollo de la industria en el corto plazo, pues sitúa a Colombia en una posición desventajosa frente a países como Ecuador, Perú, Uruguay o México. Los desarrollos regulatorios de estos países están evitando incurrir en los problemas que tiene la regulación colombiana para ofrecer un mejor entorno para las inversiones.

Es importante tener presente que el mercado de la flor seca podría ser una gran oportunidad exportadora en el corto plazo para un país como Colombia. En el mercado retail, la flor seca representa el 53% de las ventas en Alemania, país que constituye, aproximadamente, el 75% del mercado europeo de cannabis medicinal y que actualmente depende en un 100% de importaciones.

En otros países, como Canadá o los Estados Unidos, la venta de flor seca representa el 73% y 40% de las ventas totales respectivamente.
Así pues, sólo resta preguntarse si Colombia, y en particular, el Gobierno Nacional, va a desaprovechar la oportunidad que se nos presenta para materializar en el corto plazo, ¿el potencial exportador que ofrece la industria del cannabis medicinal? Permitir la exportación de flor seca con fines comerciales representaría mayores ingresos que a su vez contribuiría a la diversificación de exportaciones, la generación de divisas y la creación de nuevos empleos que tanto se necesita la para la reactivación económica del país.

Acá tenemos una gran oportunidad para la economía del país, y desaprovecharla, además de afectar la apuesta hecha por la industria en Colombia, permitirá a otros países recoger los frutos que nuestra ceguera no nos permitirá potencializar.