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India: digitalización involuntaria del efectivo

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de visitar la India por cuestiones de trabajo. Para mi sorpresa, al llegar al Aeropuerto Internacional Indira Gandhi, que sirve a la ciudad de Delhi, capital del país, encontré interminables filas de turistas y viajeros locales que regresaban al país en las agencias de cambio de moneda y en los cajeros electrónicos. El fenómeno se debía a la decisión sin previo aviso a partir del 8 de octubre del primer ministro Narendra Modi, de sacar de circulación los billetes de denominación más alta (500 y 1000 rupias) para luchar contra el dinero “negro”, una medida que la oposición ha rechazado de manera enfática (y una que al parecer Nicolás Maduro decidió copiar). Al día siguiente del anuncio, las oficinas de todos los bancos cerraron y dos días más tarde comenzaron las filas con gente esperando para poder depositar los billetes que habían sido declarados fuera de circulación y luego hacer retiros de dinero fresco. Aparte del reemplazo de las denominaciones más altas de la moneda, se impuso una restricción del monto diario que puede ser retirado de los cajeros automáticos. 

La medida ha producido colas y sufrimiento para ciudadanos y turistas en un país escasamente bancarizado donde fácilmente más del 60% de la economía se mueve en torno al efectivo y el 98% de los pagos realizados por consumidores se hacen en dinero contante y sonante. El objetivo del primer ministro es obligar a las personas que tienen dinero “negro” en efectivo, fruto de transacciones no reportadas al fisco o de dudosa procedencia, a legalizarlo en un plazo de unos pocos meses. 

El plan del gobierno, aunque bienintencionado, como suele pasar en países en desarrollo y en particular en uno del tamaño de la India, estuvo lleno de complicaciones. Los billetes nuevos, por cuestiones logísticas, se han tardado en llegar a los bancos ubicados en las zonas rurales. Los cajeros y los bancos se vacían a las pocas horas de comenzar el día y solo unos pocos tienen la capacidad para abastecer a todos los ciudadanos. 

El efecto de la medida ha empezado a afectar a los pequeños comerciantes, muchos de los cuales se están arruinando porque la gente no quiere gastar el dinero en efectivo que tienen para evitar volver a las colas en los cajeros. 

Desde el punto de vista de la evolución tecnológica de los medios de pago, la situación que vive la India puede volverse un catalizador que acelere una transformación completa de la economía del país hacia una sociedad sin dinero en efectivo, algo que obviamente no puede suceder de la noche a la mañana. La transición será más fácil para los habitantes de la India urbana en comparación con los otros cientos de millones de individuos en la India rural. Las “billeteras electrónicas”, los medios de pago digitales y las aplicaciones como PayTm, Freecharge y Ola Money, entre otras, diseñadas para facilitar el intercambio de dinero a través de teléfonos móviles, han visto un incremento de un par de órdenes de magnitud en el volumen de transacciones que se realizan en ellas, así como en la cantidad de descargas de las mismas desde que se instauró la medida del gobierno. 

El caso de la India se vuelve un referente para el aceleramiento de la adopción del dinero digital en economías en desarrollo, no siendo nece- sariamente el objetivo original del gobierno. Es claro que en otros países, el sector bancario debería ser el encargado de liderar el cambio en el comportamiento de los consumidores, debido a su confiabilidad y a las estrictas licencias necesarias para extenderse a otros servicios financieros. No sobra decir que aunque los consumidores estén siendo rodeados a diario por nuevas opciones de pago y de reemplazo del efectivo todos los días, siempre seguirán teniendo más confianza en los bancos para la mayoría de sus necesidades financieras.

De otro lado, se vuelve imperativo que los gobiernos regule de manera eficiente las iniciativas de pago digital para asegurar que haya una transición suave a una economía sin dinero en efectivo.