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Emprendimiento: una iniciativa que empieza en casa

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Hace unos días escuché sobre el programa “Apps.co” impulsado por el Ministerio TIC en Colombia, una ambiciosa iniciativa que apoya a emprendedores con entrenamiento especializado para ayudarlos a hacer realidad sus ideas de negocios basados en las tecnologías de la información y comunicaciones. Es reconfortante saber que aunque llevamos muchos años escuchando insistentemente como se anima a la gente a emprender, finalmente alguien se ha enfocado en “des-burocratizar” una necesidad del mercado, particularmente en un contexto de crisis económica mundial, creando un estamento innovador en lugar de pretender obtener un mejor resultado con el uso de las mismas instituciones, las mismas políticas, la misma educación que se usaron en el pasado.

 
Animar al emprendimiento es una tarea muy compleja si no se tienen todos los elementos alineados al mismo tiempo o si simplemente se ve el rol del emprendedor como una forma de autoempleo o un último recurso para conservar una actividad profesional. La promoción de los emprendedores y de la creación de nuevas empresas debe partir de la comprensión de las necesidades del mercado y de los mismos emprendedores tanto actuales como futuros, por lo que la política detrás de la iniciativa debe ir más allá de una simple declaración de intenciones. En un ambiente tecnológico como el que vivimos hoy, la financiación y el acceso a grandes capitales no son la barrera más importante para el emprendedor, es por eso que programas que buscan promover los desarrollos de “software” y aplicaciones son los apropiados para mercados como el latinoamericano. 
 
El enfoque convencional, tratando de imitar los modelos exitosos de lugares como el “Sillicon Valley” y que se enfoca en la formación, el desarrollo de competencias personales, la definición de un plan de negocio teórico y la búsqueda de financiación, ha arrojado resultados poco halagadores. Una iniciativa de gobierno en países donde no existen las mismas condiciones educativas y el acceso a capital debe tener una componente importante de formación, ya que los emprendedores en potencia precisan obtener conocimientos muy específicos de forma rápida y dedicarse aprender mientras desarrollan proyectos. Por otro lado, el emprendedor en países emergentes no puede actuar individualmente, debe entender que  una empresa es siempre algo colectivo y por lo tanto debe aprender a trabajar y gestionar en equipo. 
 
Una pieza faltante en el esfuerzo de generar una cultura de emprendimiento es lo que respecta al sistema educativo básico. Resulta inexplicable que en un país que busca el “desarrollo” y el surgimiento de empresas innovadoras y exitosas, no exista entre las asignaturas que se imparten en los colegios una dedicada precisamente al emprendimiento,  donde se pueda sembrar en la mente de los niños y adolescentes la idea de que son ellos los futuros motores de la economía y que el desarrollo de su creatividad y dedicación a perseguir una idea son el camino a seguir. El factor educativo es crítico en culturas como la nuestra donde resulta común escuchar a una madre decirle a su hijo: “vas a ser médico o abogado y tienes que tener un buen puesto” en contraste con el mensaje de “tu puedes ser un gran empresario”.  Es tiempo entonces de cambiar la perspectiva y las motivaciones de alcanzar logros académicos y orientar a los estudiantes para que se fortalezcan como emprendedores desde la escuela primaria y a lo largo de toda su carrera. 
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