Analistas 09/10/2020

Ya no somos “primíparos”

Recuerdo que, durante las primeras semanas del emocionante episodio de mi ingreso a la Facultad de Jurisprudencia, no fui ajeno a las sensaciones contradictorias que experimentan los adolescentes cuando cruzan por primera vez el umbral de las aulas universitarias y que, por su bisoñez en el recorrido de los senderos de la educación superior reciben el apelativo de “primíparos”.

Esta denominación peyorativa, ganada de manera automática e inexorable se convierte en una especie de estigma que solo desaparece con la matrícula del segundo semestre, cuando el estudiante, un poco menos novato, ha dejado atrás la comodidad de la secundaria y ha superado la prueba de conquistar lo desconocido del entorno universitario.

Por cuenta de la pandemia, el mundo que creíamos entender y dominar gracias a nuestra experiencia y conocimiento nos refutó abruptamente, llevándonos de la noche a la mañana a esa condición de “primíparos” que creíamos superada, y con ella a la necesidad de asumir todos los desafíos que el primer semestre de la nueva realidad trajo para las empresas.

Este curso que nos tomó por sorpresa significó la desaparición de algunas desafortunadas sociedades, la exigua supervivencia de otras y el fortalecimiento de unas pocas que, por su preparación, solidez, capacidad innovadora o valentía lograron resultados excepcionales que las ubican en una posición ventajosa para afrontar los retos del segundo ciclo de esta carrera de adaptabilidad.

Concluyó el semestre que nos enfrentó a situaciones inesperadas y desconocidas. A lo largo de él se hizo necesario adelantar a las volandas, un pénsum impuesto de manera súbita, donde se destacaron las materias de agilidad, resiliencia, orientación y teoría de las restricciones.

Ahora que empiezan las actividades del segundo período y que la mayoría de los negocios están abiertos de nuevo después de un prolongado y arduo confinamiento, las organizaciones que superaron la primera prueba aprenderán sobre reactivación pragmática, indicadores realistas y optimismo racional en un entorno de negocios que no acaba de aclararse.

Aunque las señales macroeconómicas son alentadoras, es indispensable entender que la reactivación será necesariamente la consecuencia de las acciones proactivas y eficaces de los protagonistas de la vida productiva y que no va a suceder por arte de magia si los empresarios y emprendedores se recuestan confortablemente a la espera de las ayudas y subsidios del Estado.

Este segundo período requiere, además de actitud positiva, poner en práctica los aprendizajes del ciclo anterior, traducirlos en competencias, habilidades y actitudes de quienes ejercen actividades de dirección.

Es mandatorio trabajar y guiar a los equipos para mantener la orientación hacia el propósito de la empresa, que no es la obtención de utilidades, pues conviene tener presente que estas, además de efímeras, son el producto, la consecuencia y el efecto de todo lo que los líderes consigan a través de las personas que están en la cotidianidad del negocio.

También es útil recordar que la vetusta versión del jefe oráculo, imperial y omnipotente ha sido reemplazada por el líder inclusivo, empático, abierto y transparente porque aquel ya no genera los resultados que antaño conseguía y porque éste demuestra con sus acciones, las lecciones aprendidas a lo largo del curso anterior, logrando una mayor conexión con los clientes, los accionistas, la fuerza de trabajo y la comunidad.

Llegó la hora de demostrar con hechos que podemos convivir con lo desconocido y que estamos preparados para afrontar los desafíos que nos plantea el período que comienza.