Para fortuna de los productores del campo, en el siniestro nacional que ha vivido Colombia durante los últimos seis meses, ha sido el subsector que viene creciendo y que no se ha visto afectado. Por ejemplo, el sector cafetero va ha registrar uno de los mejores años en producción y precio. Otros sectores han sido víctimas del mayor siniestro generalizado de nuestra historia económica.

Los siniestros son hechos accidentales, súbitos, imprevistos, que producen daños que se deben reparar hasta restablecer el estado de los activos, a la condición en que se encontraban en el momento inmediatamente anterior al hecho dañoso. Inclusive, las compañías de seguros pagan el lucro cesante que se sufre durante la interrupción de un negocio, como consecuencia del daño.

Crear una empresa significa mucho más que accionistas; implica tener la idea, estudiarla y diseñar el proyecto, convencer socios que crean en el negocio, conseguir créditos bancarios, diseñar los productos, definir la tecnología, comprar la maquinaria, construir instalaciones, contratar el personal y capacitarlo, seleccionar y adquirir la mejor materia prima, conseguir las licencias y permisos, sacar el producto al mercado, crear la red de distribución, lograr convencer al consumidor para que lo adquiera, afrontar la guerra con la competencia, y prepararse para afrontar mil dificultades.

Por todas las razones enumeradas considero que antes que proponer planes de reactivación de la economía -como si estuviéramos en un ciclo económico- lo que correspondería al estado colombiano es resarcir el daño a todas y cada una de las empresas, indemnizándolas para que puedan restablecer su capacidad productiva al nivel en el que se encontraban el 29 de febrero de 2020.

Esta solución puede ser mucho más efectiva y rápida que crear empresas; pretender traer inversión extranjera, así como aspirar a que con obras públicas salgamos de la crisis, mientras empresarios exitosos por décadas, ahora agonizan por cuenta de una decisión gubernamental, adoptada para afrontar la pandemia.

Tenemos la ventaja de contar con la empresa, el empresario, y el producto. Con la indemnización pueden reiniciar, como en el caso de los siniestros que administran las aseguradoras, cuando un ajustador determina lo que se necesita para resarcir el daño y la compañía procede a pagar.

Finalmente, las empresas -desde el comercio más pequeño hasta la más grande empresa compañía de aviación; la mediana de manufactura y el centro de diversión-, fueron víctimas de una decisión del Gobierno que obligó a paralizar su negocio.

Como resultado de la debilidad del sistema de salud -responsabilidad del Estado, limitado para afrontar a los potenciales enfermos-, que en marzo eran mínimos, pero que por prevención nos llevaron a esta situación. Más grave aún, pasados seis meses, Luis Guillermo Plata a duras penas ha conseguido una parte de las UCI que se consideran mínimas para afrontar la crisis hospitalaria.

Ahora, liberados parcialmente para desarrollar actividades, el Gobierno debería indemnizar urgentemente, para que las empresas puedan arrancar y, poder pagar más adelante las deudas. De lo contrario el sector financiero podría afrontar una crisis que puede ser más perjudicial que la pandemia.