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Los pequeños cafeteros

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En la pequeña caficultura está el futuro de la producción en Colombia. Ese segmento de productores son los verdaderos campesinos que tienen en el cultivo del café la oportunidad de obtener bienestar, propiedad, vivienda, educar a sus hijos y asegurar un buen vivir.

 
El pequeño propietario cafetero es el beneficiario de los programas sociales que ejecuta el gremio hoy en día, cofinanciados con recursos de cooperación internacional, gobiernos nacional, departamental y local. La vivienda rural, la educación, la salud, las comunicaciones y la electrificación continúan siendo tareas primordiales en la misión de la Federación de Cafeteros. No hay mejor ejecutor en el área rural cafetera que la propia Institución, y debe resolver el tremendo desequilibrio que existe entre los departamentos cafeteros del siglo XX, cuando los recursos abundaban, y los nuevos departamentos cafeteros con las necesidades por atender, a los que los correspondió un Fondo Nacional del Café sin recursos para adelantar esta tarea.
 
Ese pequeño cafetero cuenta con un bien público exclusivo en Colombia, que es la garantía de compra. En 550 municipios hay puntos de compra del gremio y 2.500 de particulares, que se disputan el café sobre un piso de precio que las cooperativas fijan y que obliga a los particulares que requieran ese café, a ofrecer un valor por encima, en beneficio de los productores. De todas maneras, el Fondo Nacional del Café en última instancia está obligado a adquirir todo el grano que se produce en el país.
 
Por esta razón, el número de productores continúa creciendo y el área en café igualmente. Desde luego, ya no en el modelo empresarial en el que predominaba la aristocracia cafetera, ni en los departamentos tradicionales, sino en nuevas áreas y en el modelo minifundista de producción autosostenible, que no genera grandes excedentes, pero sí saca a la gente de la pobreza.
 
Las cifras son contundentes: 538.000 productores con 671.000 hectáreas, producen el 70% del café. De estos, los de menos de 1 hectárea son 298.000 productores, en un área de tan sólo 163.261 hectáreas. Constituyen un problema a resolver por cuanto el tamaño del cafetal es demasiado pequeño, prácticamente el patio de la casa, a pesar de poseer un área 4 veces mayor.
 
Mientras tanto 239.626 cafeteros con 507.000 hectáreas, producen aproximadamente el 55 % del café del país. Para estos no es difícil llegar a un promedio de 15 cargas por hectárea, con un ingreso anual de $ 21.000.000, para autoremunerar al propietario campesino que vive en su predio, y solo paga por servicios públicos el celular y la cuenta de energía. Ese es el tipo de cafetero que todos los días crece, porque aquí encuentra su forma de vida. Inclusive, los 16.828 productores que cultivan el café en 112.000 hectáreas, el 12%, poseen predios entre 5 y 10 hectáreas y viven y trabajan en la finca, y también son viables. Se requiere en todo caso el mejoramiento de la productividad por hectárea.
 
Esta caficultura es absolutamente viable, y crecerla debe ser parte de la estrategia del país para combatir la pobreza en la zona Andina, apoyando campesinos propietarios, base de la democracia rural del país. 
 
Paradójicamente, lo que para unos es la salvación, para otros es la desgracia.
 
Desde el Acuerdo Cafetero celebrado en el segundo gobierno de Álvaro Uribe, Gabriel Silva propuso una partida para atender los cafeteros que querían cambiar hacia otro cultivo, atendiendo el clamor de los voceros de los grandes productores. Pero, en 2009, el precio internacional inició su aumento hasta alcanzar US $3.08 en abril de 2011, y todo el mundo se olvidó de esa realidad, cuando ya había un consenso que llevó a incluir los primeros $ 20.000 millones para este propósito.
 
Por esta razón los grandes cafeteros deben reflexionar y pensar que, si su negocio tiene perspectivas tan inciertas, no puede depender de sucesos como el de la semana pasada. Es el momento de reflexionar y buscar alternativas, para quienes después de haber sido empresarios exitosos hoy se enfrentan ante variables que no pueden controlar como el precio internacional, la escasez y el costo de la mano de obra, y la tasa de cambio. 
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