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Agentes de cambio - II

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Guillermo Cáez Gómez

Inicia un nuevo año y con él se anuncian nuevas protestas en el país. Este 21 de enero se dará una nueva jornada que busca, según el comité del paro y notas de prensa, no tener una conversación con el gobierno ampliada a todos los sectores, sino única y exclusivamente basada en las condiciones que ellos han planteado.

En la primera parte de esta columna, expresé lo que a mi sentir es el deber ser de las personas que están inconformes y protestan legítimamente. Sentarse a esperar que el cambio de todo un país venga de un puñado de personas, no solo es iluso, sino que nos define como sociedad: queremos que otros hagan lo que podríamos hacer nosotros mismos. Si bien mi naturaleza me indica que todos los derechos -incluido el de protesta- deben ser garantizados y respetados por los demás ciudadanos, también creo que esos mismos que convocan a manifestaciones deben hacer ejercicio de su derecho de manera que no altere a quienes no lo estamos haciendo.

Hace poco tuve la grandiosa oportunidad de visitar Guanajuato en México y tuve el privilegio de hablar con una activista estudiantil, en nuestra conversación tocamos diferentes asuntos, pero uno de los que me llamó más la atención de su relato fue que a tan solo pocos días de mi visita se había presentado una gran movilización estudiantil, en esta movilización paralizaron toda la ciudad, pero con un cambio significativo: no se hizo un solo daño en la ciudad y más destacable cubrieron -para evitar que fueran afectados- algunos monumentos de importancia y en la noche de las protestas, todos sin falta, limpiaron la ciudad.

El resultado de esta protesta no fue otro que acoger sus peticiones parcialmente y otras modificadas de acuerdo a una negociación razonable. Dos hechos que marcan la diferencia de cómo podemos ser agentes de cambio en esta nueva jornada. La primera es asegurarnos que el patrimonio público sea respetado, sin importar su frustración, entre más daña, menos oportunidad tiene para que del presupuesto nacional o distrital usted pueda tener cambios en políticas públicas, la segunda es la razonabilidad en las peticiones, si algo ha caracterizado al comité del paro es su intransigencia a la hora del diálogo, parece no entender o no querer hacerlo, que todo ejercicio de derecho tiene una consecuencia económica, es decir, un costo implícito para que el estado pueda garantizar la satisfacción del mismo y por otro lado que la agenda no se podrá atender de forma conjunta, sino que en virtud de una conversación amplia se debe llegar a definir cuáles serán los asuntos que prioritariamente se deben atender y cómo se hará.

Limitar la conversación por capricho y querer además presionar con vías de hecho y manifestaciones al gobierno para que todas sus peticiones sean resueltas, no nos va a llevar a nada más que a seguir en el periodo de protestas sin que se pueda avanzar en un ejercicio democrático de construcción de país, pues a mi juicio algunos de los que conforman el comité del paro tienen una agenda oculta pero se atrincheran en una lucha de muchos para lograr beneficios particulares. Señores comité del paro: Sean agentes de cambio, no permitan que se interfieran otros intereses en protestas legítimas y por sobre todo no se acostumbren a la arrogancia en la negociación, pues los beneficios de un país no pueden depender de su querer y solo vendrán si actuamos con sentido de pertenencia.

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