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Economía del Cuidado

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Germán Eduardo Vargas

El aislamiento demostró el menosprecio de la Economía del Cuidado: el renglón más importante, aunque invisible para el PIB. Una reflexión sobre el capitalismo y la tecnología como deidades modernas, y medios de transmisión de virus.

Además de las relaciones laborales, el neoliberalismo flexibilizó y empobreció las afectivas; commoditie emocional, los bots las tercerizan o sustituyen, asistidos por los automatismos y desvaríos de nuestro sistema límbico (amor/fe, odio/miedo). Aunque no existen evidencias del impacto de tal «senti-miento» o irracionalidad, en el bienestar, la deuda e inequidad, el «Grinch» parodió la relación precio-aprecio.

Delusiva, la obscena «Manía» con la que ponderamos los estereotipos amatorios, idealizando la divinidad (Los Dioses También Pecan, 2020) y capitalizando el evolucionismo, con la ‘Flor de Emociones’ (Plutchik, 2002) y ‘The Colors of Love’ (Lee, 1973), significó la fisión del núcleo de la sociedad.

Claroscuro (‘Empire des Lumières’, Magritte), el iceberg LED adecuó los autorretratos para proyectar aceptación (Philautía) o procurar reconocimiento; en ausencia de Eco, ese vacío nicho parece dispuesto a pagar cualquier precio (amazondating.co), y muchas apps incentivan la desinhibición clandestina (Psique), facilitan la huida (ghosting), gratifican el «schadenfreude» (Ludus) y descuentan la culpa (situationship).

Más allá del ego, Storgē representa la lealtad y el cuidado mutualista, del carácter familiar o el sentido de amistad. Sin embargo, las redes sociales difuminaron esos vínculos con la opacidad malsana de la solitud acompañada (Alone Together: Why we Expect More From Technology and Less From Each Other, 2017).

Este arquetipo también se refleja en ciertos objetos solitarios, que cobran vida. Recuerde las películas del balón (Náufrago), el osito (Ted) y el sistema operativo (Her); al primero, inanimado, le dibujaron rasgos antropomórficos, y el segundo demostró conciencia y «sintiencia»: igual que el tercero, intangible, cuya falta de exclusividad dramatizó la interacción entre la adaptativa inteligencia artificial y la emocional.

Estos placebos del siglo 21, «placebots», anuncian milagros como la personalización de ‘El Algoritmo del Amor’ (Duportail, 2019), y su promesa de valor incluye el ensamblaje de aquel Modern Love que emula Ciencia Loca (https://www.youtube.com/watch?v= U7vYP1S9_qQ, 1987), realidad virtual (Amazing) o clonación (Hole in My Soul).

Letra menuda, si carece de agudeza (Snellen, 20/05; 20/20), y su modelo Androide o genéticamente editado defrauda, evoque los aprendizajes de Nueva Eloísa (Rousseau), el valor de la trascendencia (In Memoriam, Tennyson), y los clásicos de cada época (cause love’s such an old fashioned word), cuya quintaesencia está inspirada en Agápē: símbolo del amor incondicional y desinteresado, cuyo compromiso persiste.

Los «di-amantes» están sobrevalorados. Depende de nosotros evitar que las felonías del capitalismo tecnológico sigan subordinando nuestro Contrato Emocional (Pragma), y su prístina lógica difusa.

Ante la amenaza de recesión, recuerdo un artículo de Forbes (“Valentine’s Day Could Save Our Economy”, 2013), según el cual las celebraciones rescatan a la economía; aunque faltan motivos para festejar, aboguemos por Compensar el Cuidado, y cuidemos a quienes hacen viables nuestros hogares.

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