Urgente, ya no tenemos tiempo

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Nunca la humanidad se había enfrentado a un problema de tal magnitud que afectara a cada uno de nosotros. Ni el dinero, ni la raza, ni el poder, ni la suma de todos estos factores podrían ser el escudo de una persona al momento de enfrentarse a la mayor crisis que hemos vivido en la historia. Lo más curioso de todo esto es que no es una dificultad política, económica o ideológica. Es algo tan grande que multiplica cada tipo de problema que podamos tener como seres humanos.

¿Por qué es un problema tan grande, del cual no nos podemos escapar? Estamos acabando de una forma inconcebiblemente rápida, el único lugar conocido en el que podemos habitar. Lo que estamos viviendo es una verdadera crisis y, por tanto, debemos actuar como tal.

Sin el aire puro que necesitamos cada segundo de nuestras vidas, sin agua limpia que hidrata nuestro cuerpo, sin temperaturas que podamos soportar, no podremos volver a disfrutar del mundo tal y como lo conocemos ahora.

Este es, entonces, el mayor y más importante peligro que tenemos actualmente. Las consecuencias se están viviendo desde París, que tuvo la mayor temperatura en su historia el 26 de julio pasado, hasta India, en donde un ciclón hace unos meses afectó a 1,6 millones de personas. Debemos dejar de ver esto como noticias y empezar a dimensionarlo como lo que es en realidad: personas muriendo por la problemática ambiental y un peligro latente que puede tocar la puerta a cualquiera de nosotros.

En algunas décadas -si es que sobrevivimos-, los que estamos actuando hoy sobre el mundo vamos a ser juzgados por las siguientes generaciones y la historia, basados en la forma en la que actuamos frente a esto. No podemos permitirnos despertar cuando sea demasiado tarde, debemos cambiar desde ya.

Ningún cambio es tan pequeño como para no hacer una diferencia. Si no actuamos, nadie va a dar el primer paso. No es necesario que plantemos millones de arboles. Lo que sí necesitamos es desarrollar una reflexión tan profunda que seamos nosotros los impulsores hacia el cambio diario. Comer menos carne, usar transporte público o caminar más, comprar solo lo que necesitamos o incluso entender que cada vez que estamos en internet, cada byte, significa mucha energía consumida.

No es solamente compromiso del gobierno, ni de organizaciones internacionales, ni siquiera de los ejecutivos de las mayores empresas del mundo. Es responsabilidad de cada uno de los seres humanos que vivimos en esta tierra -empezando por mí, que estoy escribiendo esto, hasta usted que me está leyendo-. Está en nuestras manos la obligación de mantener este planeta en las condiciones que lo recibimos. Tener por lo menos un poco de gratitud hacia la naturaleza que tanto nos ha dado. Sentir el sufrimiento de cada uno de los animales que hemos afectado. Pero sobretodo, una obligación con nosotros, con los que nos rodean y con nuestro propio futuro que, sin cuidarlo, es cada vez más improbable.

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