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Analistas 04/09/2021

Llamado a la sensatez

Gabriel Velasco
Senador

La llegada de nuevas caras a la carrera por el Palacio de Nariño siempre será bienvenida en una democracia como la nuestra, sin embargo, pareciera que cada persona que alguna vez se ha imaginado ser presidente de la República esté de momento considerando aspirar a este cargo en mayo del próximo año. Como demócrata considero que es necesario que haya pluralidad de candidatos en toda elección, no queremos ni de riesgo parecernos a Nicaragua o Venezuela, pero también considero que más allá de cualquier cosa, debe primar la sensatez a la hora de poner el nombre propio en consideración de los colombianos.

El panorama político y las protestas sociales de los últimos tiempos han servido para dilucidar dos cosas: (i) una evidente estrategia de desestabilización por parte de algunos sectores de oposición, y (ii) un verdadero descontento social que puede alentar a que se lleven a cambios vertiginosos azuzados por peligrosos cantos de sirenas. Es prístina la facilidad de algunos políticos colombianos para encantar incautos y, al igual que aquellas bestias marinas mitológicas, luego terminar hundiendo y devorando a los mismos hombres y mujeres que decidieron apoyarlos en las urnas.

Esa es precisamente la manera en que funciona el populismo; ese es el claro riesgo que rodea la contienda presidencial del 2022, y es justamente por esto que la proliferación de campañas sin sentido termina siendo un distractor de todo lo que justamente debe ser el centro del debate: las posiciones frente a la economía, incluyendo la reactivación y vuelta a la senda de crecimiento, la independencia del Banco de la República, la relación con el sector productivo y los privados del país, el tamaño del estado al que se le apunta, su posición frente al cambio climático, y el talante democrático que permita la transición de poder en un siguiente periodo presidencial.

Esta semana, mientras el país veía con entusiasmo nuevos candidatos que aspirarán al primer cargo del país a través de movimientos ciudadanos y recolección de firmas, en redes sociales el mayor opositor de Colombia ardía en llamas de le envidia y destilaba frases venenosas pero propias de su talante mesiánico e individualista. Lanzando ataque a diestra y siniestra, su séquito de seguidores reventaba en redes sociales contra todo lo que no fuera u oliera a Petro. Se atacó a las personas y negocios de la 93 en Bogotá, al sector petrolero amenazando con cerrarlo (y a partir de ahí quebrar a todas las regiones de Colombia que dependen de las regalías), atacaron a los nuevos candidatos, a otros precandidatos dentro de su mismo movimiento, en fin, atacaron sin asco a todo lo diferente.

No en vano el llamado debe ser por la sensatez. Sensatez del que desee ser candidato, para no lanzarse al ruedo solo a poner a sonar su nombre para luego bajarse de aspiraciones a algún otro cargo público; sensatez del votante, para que escuche con atención a todos los candidatos, sin caer en el enceguecimiento que trae consigo el populismo; sensatez para los medios de comunicación, para no endiosar candidatos sin antes mostrar objetivamente los pro y contras de sus propuestas.