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Vigencia de Churchill en 2015

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¿Qué clase de liderazgo se necesita en cada país para recuperar su economía y salir de la recesión como es el caso de los países europeos? Se demandan cambios urgentes y hay que aprovechar este año de elecciones.

En esa dirección, la Revista The Economist analiza cómo será el mundo este 2015 y enfatiza en la crisis de liderazgo.

La crisis de liderazgo político siempre ha existido y la gente aún no le presta atención por considerar que hace parte del comportamiento habitual de la sociedad.

Según Gallup, los niveles de popularidad de varios gobernantes son los más bajos en mucho tiempo. En algunos países han descendido hasta 80%, algo que nunca había ocurrido.

Los procesos políticos son pendulares. Es clara la posibilidad de una derechización en Francia con Ms. Marine Le Pen a pesar de las dificultades que eso pueda acarrear al acentuar la crisis de líderes en Europa. 

La gente quisiera un liderazgo al estilo Winston Churchill, en especial este año en el que se conmemoran los 50 años de su muerte. Es el prototipo de dirección necesaria para sacar adelante países en dificultades.

Los temas centrales serán la reforma del Estado para que trabaje en función del crecimiento y la generación de empleo con productividad, tecnología y disminución de pobreza. 

Otros asuntos serán los altos niveles de endeudamiento que pueden hacer colapsar a algunos países y el aumento de la población de mayor edad, hecho que demandará más servicios de salud, sociales y pensionales que conducirán al fracaso de las finanzas públicas.

Los Estados deben ser más eficaces, eficientes y flexibles para que se puedan manejar de manera más adecuada como ocurrió en Singapur. 

El optimismo para estudiar el futuro es porque se sabe que la burocracia estatal es ordenada y organizada al responder, aunque, no tan rápida como debiera. En el caso del ébola, por ejemplo, la reacción ha sido lenta y se ha dejado avanzar demasiado; y en otro contexto de relaciones internacionales, los europeos no han querido imponer sanción alguna a Rusia por anexar a Crimea y crear problemas en Ucrania.

También hay optimismo por la capacidad de adaptación que ha demostrado Europa después de la II Guerra Mundial, y también porque China y Japón han sido capaces de arreglar muchas de sus diferencias que tenían al mundo bajo tensión.

Esta necesidad de liderazgos sólidos surgirá nítida. El ejemplo latente siempre será Churchill quién emergió del exilio político y guió a Gran Bretaña en el momento más complicado y difícil de la guerra. Utilizó la radio para dar indicaciones, asumió responsabilidades y hasta se echó la culpa en instantes en que algo salía mal: “He hecho lo mejor que pude”, dijo en algún momento.

Entraba en profundas depresiones cuando las cosas no funcionaban o el público no lo favorecía, pero siempre sobrevivía y salía adelante, nunca jamás cambio, se mantuvo fiel a sus principios y a su filosofía.

Cuando empezó a hablar contra Hitler en 1920 nadie le creyó, y solitario se enfrentó al poderío nazi. Aunque hubiese deseado una Inglaterra desarmada tuvo que entender la necesidad de producir armas y aviones de guerra para oponerse a la amenaza creciente. Sus principales aliados fueron la verdad, la prudencia y la corrección de sus lecturas de la política mundial. El mundo le tuvo que dar la razón y buscarlo como su líder.

“Solo tengo para ofrecer sangre, sudor y lágrimas”, “tenemos que buscar la victoria, la victoria a toda costa”, fueron sus famosas expresiones en la dificultad. 

Supo incorporar a Estados Unidos a la guerra y hacer alianzas con los franceses y rusos. 

Supo que tenía la razón desde el principio y se mantuvo firme en sus convicciones y, además, supo esperar pacientemente que le llegara la hora para hacer valer su liderazgo. Churchill vigente en este 2015.

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