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Eduardo Verano de la Rosa

Hace 37 años Gabriel García Márquez recibió el premio Nobel de Literatura. Eran épocas de dictaduras y de luchas por la reconquista de la democracia y sus instituciones en América Latina.

García Márquez aprovechó la ceremonia de entrega del premio para brindar por la democracia y el retorno de sus instituciones en la región. Este evento literario fue transformado en escenario de una política a favor de los derechos humanos. ‘Gabo’ presentó dos piezas magistrales de la literatura: la artística y la política. Fueron el “Brindis por la poesía” en la que dijo: “… un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardozo Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía”, y en “La soledad de América Latina” retrata un cuadro político de estos países en su delicada lucha por el retorno de la democracia y la solidaridad para que esta sea justa.

Tenemos que reconocer que el mundo de las dictaduras latinoamericanas ha sido derrotado en gran medida. Sin embargo, la democracia y sus instituciones no se han consolidado. Los derechos humanos, en especial, los sociales, económicos, culturales y del medio ambiente no tienen la protección necesaria y suficiente para su disfrute. Estamos a mitad de camino y las instituciones deben ser revisadas.

La realidad es que existe desestabilización política en los países latinoamericanos. Asimismo, hay una tremenda desigualdad promovida por las políticas neoliberales y la destrucción del Estado de bienestar lo que ha engendrado malestar en la vida pública. Es lo que sucede y no debe ser ignorado. ¿Y las instituciones?

Un presidente de la República se ve forzado a presentar renuncia por movilizaciones populares asociadas a la participación de las Fuerzas Armadas. Otro, ante el reclamo de la ciudadanía, afectada por el alza en el transporte y los combustibles, tiene que revocar tal decisión, y otro mandatario le declara la guerra a la protesta ciudadana y tiene que retroceder e iniciar un proceso constitucional. ¿Y las instituciones?

No solo son tres naciones las sometidas a protestas ciudadanas. En un país hermano que disfrutaba de un elevado nivel de vida, una dictadura corrupta lo somete al hambre y la desesperanza que lo forza a emigrar. Otro, cuya economía fue la sexta del mundo, la miseria se ha hecho presente y gira entre el neoliberalismo y el populismo. En otra gran nación suramericana, desbastada por la corrupción, el populismo de derecha intenta destruir las garantías jurídicas. Si por Suramérica llueve, en Centroamérica no escampa. La pobreza, miseria, corrupción, violencia, desempleo, las migraciones masivas, narcotráfico, explotación sexual, la destrucción de las conquistas sociales de las personas, en fin, la soledad de América Latina no ha cesado y la democracia y sus instituciones no se consolidan. ¿Y Colombia? No ha podido salir del conflicto armado y la institucionalidad está deslegitimada y la protesta social crece, crece y crece.

¿Qué hacer? Sin dudas lo primero que tenemos que convenir es no ignorar el fenómeno social y deliberar todos acerca de la democracia, sus instituciones y las políticas. Este mal es originado por la centralización política que excluye y concentra el poder público y, a su lado, el presidencialismo que fomenta la corrupción, promueve la destrucción de los partidos políticos y da paso a líderes y caudillos. Revisemos las políticas y desterremos el neoliberalismo.

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