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La paz en tercera vía

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Cartagena fue testigo de la reunión de los ex presidentes Clinton, Cardoso, González, Lagos y Blair, invitados por Juan Manuel Santos para conversar sobre la Tercera Vía. No obstante, el tema dominante fue la necesidad de concretar el proceso de paz.
    
La Tercera Vía es una política alternativa sobre el manejo del Estado contemporáneo en Occidente que aplica una línea intermedia y pragmática entre el neoliberalismo y el estatismo para lograr un adecuado reparto de riquezas, igualdad, responsabilidad social y solidaridad.

Propone un equilibrio entre el capital y el trabajo, entre la construcción de la riqueza privada y el bienestar social. Nace como respuesta de un grupo de países que no querían alinearse, en su momento, ni con la Unión Soviética ni con los Estados Unidos. 

Estos países discutieron si en materia económica se debía liberar las fuerzas del mercado para que actúen a su antojo o si debe ser el Estado el que regule sus acciones para obtener resultados en beneficio de la comunidad.

Los ex presidentes coincidieron en que no es deseable el exceso de intervencionismo del Estado porque no permite el crecimiento económico y afecta la libertad. El exceso de intervención estatal termina  distribuyendo  la miseria y la pobreza porque no existiría nada para distribuir. Debe ser la economía la que crea los excedentes y permita que el Estado los redistribuya.

Sin duda, todo esto es una discusión interesante, sin embargo fue muy afortunado el hecho de que se reorientara el diálogo hacia la superación del conflicto armado y la construcción de un escenario para el proceso de paz en Colombia.

El presidente Santos pidió a los ex presidentes un consejo sobre cómo debe guiarse un proceso para obtener la paz y lograr más desarrollo.

La gran conclusión es que la oportunidad de superar el conflicto armado y orientarse hacia la ruta de la paz, esta vez, en Colombia es posible y no puede fracasar. Es necesario lograr que toda la sociedad este convencida a pesar de las tensiones normales que ocurren en las últimas etapas de una negociación. 

Hay varias inquietudes: ¿Qué tanta justicia debe aplicarse para que la paz sea posible? ¿Se puede sacrificar la justicia para lograr la paz y en qué grado? Es la gran pregunta. 

En estos momentos estamos bajo el Tratado de Roma de la Corte Penal Internacional que impone un nuevo marco jurídico y es Colombia el primer país del mundo que negocia con sus parámetros. 

Si hay sacrificio de la justicia para que se supere el conflicto armado es posible que no haya paz o si para que haya justicia debe seguir la guerra no habrá justicia. El tema no es de fácil solución y no es posible que se trate de manera simple.

Hay que visibilizar a las víctimas quienes son las más interesadas en obtener la paz.
 
Otro tema es el papel del Estado para generar confianza de la ciudadanía a través de la explicación, transparente, de cómo va el proceso 

La confianza del pueblo, de las guerrillas, de los empresarios de todos los estamentos de una sociedad es la base para llegar a la superación del degradado conflicto armado. Sin información veraz y oportuna no es posible consolidar las condiciones necesarias. 

Santos solicitó a los cinco ex presidentes el apoyo de la comunidad internacional para lograr la paz, hecho que fue ratificado en la declaración final que se firmó.

Colombia ocupa sus energías y cuantiosos recursos en la guerra que bien se pueden invertir en la construcción de una nueva sociedad. Habrá recursos suficientes para más infraestructura, una economía más prospera y una mejor calidad de vida. Ese es el gran atractivo de la paz.

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