Analistas

El Carnaval, la alegría de la Región Caribe

Carnaval, tiempo de liberación del espíritu y de la carne, de la desmesura y la creatividad, de la pasión desbordada, de la paz, la igualdad y la fraternidad, en la que la danza, el baile y el disfraz de toda una región cuyo mestizaje, producto de la fusión de razas y de culturas dice presente y manifiesta su fuerza en forma de tolerancia como regla de oro de la convivencia: Así es el Carnaval de Barranquilla.

Fiesta en la que toda la Región Caribe se manifiesta en forma incluyente, escenario para la risa y la burla fina, el remedo y la comedia humana, en el que se suspende el tiempo y la tragedia es apartada fugazmente de la existencia social, en la que no se permite que nadie se sienta forastero. El Carnaval de Barranquilla es patrimonio de la humanidad y le pertenece a la humanidad. 

El factor esencial del Carnaval es que nos iguala, a blancos, indígenas y negros; a caribeños y a cachacos, a ricos y pobres, a creyentes y no creyentes, a liberales, conservadores, anarquistas, socialistas y críticos de la política. Nada iguala tanto en la vida como el Carnaval, y no existe un carnaval más igualitario que el de Barranquilla: un disfraz solamente requiere imaginación y no está limitado por el dinero.

La esencia igualitaria del Carnaval de Barranquilla no distingue al intelectual del iletrado, del culto del inculto. Él es una fuente de educación en democracia porque iguala a todos en alegría. Del espíritu igualitario propio del Carnaval no escapa el genio, por el contrario, el genio le rinde tributo, en especial, al de Barranquilla. Prueba de esto, las piezas de la narrativa cuyo autor es nada menos que el nobel Gabriel García Márquez.

El tributo lo hace, especialmente, en dos textos: un discurso de coronación de la Reina del Carnaval de Baranoa (Atlántico) el 18 de febrero de 1950 y un artículo sobre Joselito Carnaval. El discurso de coronación de la reina Esther Medina es una fina muestra de lo que es en sí un discurso de retórica carnavalera. 

Dice: “Tu reino – de la perfecta simpatía – es el infatigable reino del cascabel y del delirio, el alucinado territorio del tambor y la gaita; la encendida comarca donde la guitarra templa sus bordones hasta convertir la canción en un menudo polvo de música; la embriagante zona de la caña exprimida en leche ardiente, en nocturno licor de fiebre y regocijo. Te estamos entregando -señora de la perfecta armonía-  todos los sectores de tu dominio (…) donde no hay cabida para la amargura, ni lugar reservado a la desolación”. 

En el Carnaval de Barranquilla, las reinas son expresión de la cultura y la inteligencia, prueba de ello, la gran escritora barranquillera, Marvel Luz Moreno Abello, reina en 1959 quien se consagró con su gran texto literario “En diciembre llegaban las brisas”. 

Es que el Carnaval de Barranquilla es ante todo una manifestación de la gran cultura de la Región Caribe. Aquí están sus danzas del Torito, el Garabato y otras en la Batalla de Flores, la Gran Parada y los desfiles de tradiciones.

No obstante, está la Carnavalada y el Carnaval de las Artes, la herencia que nos dejó Alejandro Obregón, Álvaro Cepeda Zamudio, Figurita, Antonio María Peñaloza, Pacho Galán, Joe Arroyo, la música vallenata y sabanera, las gaitas, la cumbia, los decimeros de Soledad, el porro con Lucho Bermúdez, la música centroamericana, la Gran Banda de Baranoa, las Farotas de Talaigüa, el Son de Negro. En fin, la alegría de la Región Caribe invita a ser compartida para la nación y todas las naciones.