.
Analistas 07/02/2026

Logros

Yamid Amat Serna
Creador conceptual

Las mejores biografías casi nunca se escriben. Y no necesariamente porque sus derechos de ejecución sean incansables, sino porque pertenecen a seres ordinarios, seres del común, de la calle, de a pie, aquellos que caminan el asfalto con las manos en los bolsillos y con la brisa en el pecho, con historias discretas, tal vez sin fanfarrias épicas ni aplausos estruendosos. Sin cortes ni saldos extravagantes en sus cuentas, sin perfume, sin medallas, tal vez porque su mayor logro no fue destacar, sino vivir.

Las trayectorias incompletas, con dudas visibles, con vidas que no encajan del todo en los relatos del éxito o la perfección, tienen una magia especial y en ella hay un caudal de conocimiento, sabiduría y experiencia. Sus formas y silencios no se cuentan desde el heroísmo ni desde la escala de la “superación”; de hecho, no se cuentan, porque las historias de andén suelen desvanecerse en el olvido o perpetuarse en lo simple y, en ninguno de los dos casos, hay ausencia de sustancia, validez, legitimidad o identidad; por el contrario, la conexión profunda casi nunca nace de lo impecable, sino de todo aquello que se quiebra un poco, que se desajusta, que deja ver la fragilidad.

Nos conmueve lo humano precisamente porque no es absoluto. Porque falla. Porque duda. Porque se equivoca y, aun así, continúa.

Durante mucho tiempo nos enseñaron a admirar lo inalcanzable: la figura perfecta, la decisión sin fisuras, la vida sin contradicciones. Pero, en la práctica, rara vez nos reconocemos ahí. Lo divino impresiona, pero no conecta, no enraíza.

Es importante mirar hacia los márgenes para sintonizar. Hay mucha subestimación en la ruta de la vida. Ahí hay una verdad incómoda, pero fértil: muchas veces no es que falte valor, sino que sobra prisa para clasificar.

La identidad no se construye desde la perfección. Se construye mucho más desde aceptar que no siempre sabemos, que no siempre podemos, que no siempre llegamos. Y que eso no nos resta valor; nos lo da.

A razón de ello, valdría la pena entender qué líderes y en qué industrias están movilizando ese tipo de identificación, la que hace entender que en lo imperfecto aparece algo esencial: la posibilidad de empatía. Solo cuando algo se quiebra un poco deja espacio para el otro. Para el acompañamiento. Para el reconocimiento mutuo. La perfección cierra; la grieta abre.

Definitivamente, lo incompleto es una fuente inagotable, no porque sea cómodo sentirse así o estar así, sino porque es verdadero.

Los mercados deben generar una conexión más íntima, pero a su vez más auténtica, menos extraordinaria con sus entornos y audiencias, una que no nazca solo de la admiración a lo inalcanzable, sino más bien de la fuerza del atrevimiento que nos convoca a comprender lo que no ha sido comprendido, a crear, a emprender, a vernos y sentirnos cercanos, no ligados, no predeterminados, no ausentes. Las industrias y los líderes que provoquen sentir el derecho a no ser perfecto permitirán también el crecimiento de la memoria emocional sin vergüenza ni pena. Allí se encontrarán con la sensación de un alcance colectivo; entonces, el cantante deja de ser solo cantante, el entretenimiento deja de ser solo entretenimiento, lo político deja de ser solo político, el solo deja de sentirse solo y las historias que se narran dejan de ser las de los grandes logros.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA

MÁS DE ANALISTAS

ÚLTIMO ANÁLISIS 06/02/2026

¿Sirve olvidar a un estadista?

Las próximas elecciones deben ser asumidas como una responsabilidad histórica, una oportunidad para reafirmar la democracia, hacer prevalecer el Estado de derecho y preservar la institucionalidad republicana

ÚLTIMO ANÁLISIS 04/02/2026

Innovación en la democracia como propósito de Nación

Colombia sabe mejor que nadie que una sociedad que no es segura no puede ser justa, no puede educarse, ni formar una cultura fundamentada en la ética de trabajo en equipo

ÚLTIMO ANÁLISIS 05/02/2026

Nuevo golpe a la rama judicial

La experiencia constitucional colombiana confirma que toda presión sobre el Poder Judicial termina debilitando la separación de poderes. Respetar los derechos adquiridos y la estabilidad material de los jueces y fiscales no es un beneficio corporativo