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Analistas 25/09/2021

La gran falla de Latinoamérica

Diego Gómez
PhD, Profesor EIA, Director ECSIM

En los pasados 70 años, un grupo amplio de países dieron un gran salto en el desarrollo socioeconómico. En este periodo, excolonias europeas y japonesas del sudoeste asiático, los países europeos devastados por la guerra y países devastados por el comunismo, crecieron de manera persistente con tasas superiores a 5% anual. Sin embargo, Latinoamérica está ausente de ese proceso.

Desde 1960, Latinoamérica ha tenido un desempeño limitado en el contexto mundial. Mientras los países del sudoeste asiático en conjunto crecieron en promedio 4,92%, Latinoamérica solo creció el 3,38% (World Bank, 2021). El crecimiento compuesto de 60 años implica que estas economías crecieron 2,5 veces más que las latinoamericanas.

Esta región sigue sin encontrar el camino para el desarrollo económico. Cada uno de los esquemas socioeconómicos y políticos fallan. Fallaron las aproximaciones comunistas, las dictaduras militares, las reformas sociales de supuestos progresistas y no lograron consolidarse procesos de crecimiento con las reformas democráticas liberales. Cabe preguntarse, ¿Qué sucede en Latinoamérica que nada funciona?

Desde la teoría del desarrollo se pueden señalar al menos cuatro elementos que afectan toda la región latinoamericana, y que son determinantes de esta gran falla.

Primero, La visión económica del desarrollo. En medio de las crisis de los años 50, en Europa y el sudoeste asiático, emergió una dinámica de desarrollo desde la transformación empresarial.

Mientras que en Latinoamérica, la teoría de la Dependencia Centro Periferia planteada por Prebisch (1959) se convirtió en línea de acción de la Cepal. Por su lado, otros países del mundo también de la periferia, se concentraron en trasformar las capacidades de sus países.

Segundo, el estado asistencialista, expresado de manera radical en el populismo. Una evolución de la cultura colonial en la que el bienestar dependía de la corona, donde las necesidades deben ser por el estado (Acemoglu and Robinson, 2012). Constituciones como la colombiana o la que se construye hoy en Chile institucionalizan una concepción donde somos sujetos de todos los derechos y ajenos a cualquier deber y responsabilidad consigo mismo y con la sociedad.

Tercero, los valores de autonomía y sociedad posmoderna. En el Estudio Mundial de Valores, Inglehart (1995-1997) encuentra en sus encuestas que se hacen periódicamente hace 30 años, como los latinoamericanos tenemos menores valores de autonomía y mayor tendencia a depender del estado, a la vez que somos conservadores y religiosos (DNP & Wvsa, 2015). En el análisis, Inglehart evidencia que los países con valores posmodernos y de autonomía son más desarrollados.

Cuarto, la limitada capacidad de innovar, aprender y emprender. Los patrones de especialización de los países latinoamericanos han permanecido sin mayores cambios en estas décadas. Nelson & Pack (1999) en su estudio sobre el desarrollo del sudoeste asiático para el Banco Mundial, señalaron que éste fue explicado por el acelerado proceso de emprendimiento, innovación y aprendizaje de nuevas capacidades sociales y económicas.

La sociedad latinoamericana en conjunto, y los jóvenes en particular, tan entusiastas en las marchas en diferentes lugares de la región, deberían revisar con detenimiento cada uno de los factores expuestos y preguntarnos si más que propuestas de reforma lo que estamos repitiendo son las mismas formulas de la trampa de subdesarrollo en que hemos estado.