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El triunfalista director de Crédito Público ahora no solo se vanagloria de sus supuestos éxitos en la contención del costo de la abultada deuda pública, sino que ha pasado a culpar al BR de las elevadas tasas de interés que bordean 13%-14% en los bonos benchmark de Colombia. Señor director, usted bien sabe que el BR ha tenido que elevar su tasa repo de 9,25% a 10,25% al inicio de este 2026 por la irresponsabilidad fiscal y salarial de un gobierno petrista que cerró con el peor récord en la historia fiscal reciente, llevando el déficit fiscal a 6,4% del PIB y con un balance primario de -3,5% del PIB.
Y no contento con su heterodoxia fiscal, el Gobierno elevó también el SML en 23% para 2026, alimentando así una inflación que completó cinco años perdiendo su meta de 3%. Y ahora esta amenaza con acelerarse nuevamente desde 5,1% hacia 6,1% a lo largo de este año. Los excesos de demanda agregada generados mediante insostenibles impulsos fiscales son evidentes y tienen un objetivo claramente reelectoral. En vez de aportar al mayor crecimiento potencial de la economía, lo que ello está produciendo es un desplome de la relación inversión productiva/PIB, cayendo de 23% hacia solo 16% a lo largo de este gobierno populista.
Por todas estas razones, en su Junta de marzo de 2026 el BR ha tenido que elevar nuevamente su tasa repo nominal hacia 11,25%, lo cual implica un endurecimiento de la postura restrictiva en la tasa de interés repo-real-core, al pasar de 4% hacia cerca de 6% real. Esta es la única forma conocida de atajar la preocupante inflación, la cual poco les importa a los gobiernos populistas, a pesar de que la inflación constituye históricamente el peor impuesto “al pueblo” que dicen querer proteger.
El desacertado manejo macroeconómico del petrismo está dejando a Colombia con seria fragilidad de cara a 2026-2030. Ahora el país registra peor desempeño que Brasil, pagando premiums de +150 pbs, y nuestra postura monetaria restrictiva cercana a 6% real se acerca al temido 8% real que tuvo que adoptar Brasil en 2025-2026 para evitar salidas de capital frente a la incertidumbre macroeconómica y electoral.
En el gráfico adjunto se observa que Brasil tuvo que tensionar su postura monetaria al elevar su repo-real-core de 3% en 2022 hacia 9,25% en 2024, tratando de atajar una inflación que había llegado a 10,1% en 2021 y que tan solo logró reducir a 4,8%. Por ello requirió llevar su tasa repo nominal a 14,75% en 2025, equivalente a una repo-real-core de 9% al cierre de 2025, frente a una inflación de 4,3%, todavía por encima de 3% de la meta de su banco central.
Obviamente, esta postura monetaria apretada ha tenido efectos de desaceleración sobre el PIB real de Brasil, que ha venido creciendo solo 2,3% anual, pero seguramente lo hará a ritmos cercanos a 1,5% anual durante 2026-2027. A su vez, su cuenta externa muestra un déficit de 3% del PIB y el déficit fiscal persiste en niveles de 9% del PIB, mientras su relación deuda pública bruta/PIB se acerca a 90% y el desempleo se perfila hacia 6%.
El preocupante deterioro macrofiscal de Brasil es similar al de Colombia, pues todo parece indicar que aquí el déficit fiscal bordeará nuevamente 6,5% del PIB en 2026 y el balance primario estaría en -2,5%, llevando la relación deuda pública bruta/PIB a 67%. Esto último evidencia que los “juegos pirotécnicos” del director de Crédito Público poca o ninguna incidencia tienen sobre correctivos de carácter estructural.
En el mismo gráfico se tiene el registro de México, con problemas similares de bajo crecimiento, aunque ahora con menor presión inflacionaria y una postura monetaria menos apretada. En efecto, allí la inflación había escalado a cerca de 8% hacia 2022, pero logró contenerse a 3,7% en 2025, gracias a un apretón que elevó su repo-real-core de 1% hacia 5,5% en 2024 y permitió moderarla a 3,5% en 2025.
Para 2026 se pronostica que la inflación en México se estabilizaría en 4%, a pesar de estarse duplicando el costo energético con petróleo a US$120 por barril Brent, por cuenta del conflicto en Medio Oriente. De ser así, la repo nominal podría continuar descendiendo de 7,25% hacia 6,5%, implicando un descenso de la repo-real-core de 3,5% hacia 2,5%. Esto aliviaría las perspectivas de crecimiento de México, pasando del pobre desempeño de 0,6% en 2025 hacia cerca de 1,5% anual en 2026-2027.
Claramente, sus cuentas externas y fiscales tienen mejor posicionamiento que las de Brasil y Colombia, pues su balanza de pagos muestra cuasi-equilibrios cercanos a -0,5% del PIB y su déficit fiscal luce estable en -4% del PIB.
Las perspectivas macrofiscales de Colombia son de elevada preocupación de cara al cambio de gobierno 2026-2030, pues con una inflación acelerándose hacia 5,5% en marzo de 2026 y perspectivas de llegar a 6,1% al cierre de este año, el BR no tendrá alternativa distinta a mantener su repo nominal cerca de 12%, implicando una repo-real-core cercana a 6%, lo cual poco ayudará a llevar el crecimiento por encima de 3% anual. Y si llegara a consolidarse un nuevo gobierno populista, como el que promete Cepeda, Colombia ya no aguantaría, ni institucional ni económicamente, este manejo populista-fiscal. Esperemos, por el bien del país, que el grueso de los votantes recapacite sobre lo que más le conviene a las nuevas generaciones.
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Cada rebaja en la calificación se traduce en mayores costos de financiamiento para el Gobierno, que implicarán mayores pagos de deuda, menor apetito de inversión en el país