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Analistas 05/01/2026

Después de Maduro: escenarios políticos, económicos y de seguridad

César Mauricio Rodríguez Zárate
Teniente coronel (RP) PhD. Research Associate Leiden University

La salida del jefe del régimen abre la puerta a una transición democrática, pero no será inmediata. Venezuela llega a este punto tras 27 años de un gobierno de izquierda en el poder, con un aparato estatal alterado gradualmente para reelegirse indefinidamente, suprimir las libertades y lograr un control absoluto y autoritario. Tres escenarios.

En el político, mientras estén vigentes los alfiles de Maduro en el poder, lejos de una etapa inmediata de estabilidad, puede alargar un periodo de transición forzada: negocian, se asilan con sus socios ideológicos o permiten la transición. Si bien EE.UU. anunció acompañamiento, el éxito de esta etapa dependerá de tres factores críticos: convocatoria a elecciones libres, una estricta veeduría internacional para evitar el fraude de 2024 y la restitución del orden constitucional. Si no se modifica la Constitución con el actual modelo de Estado socialista empobrecedor y arbitrario del poder, no será posible la reconstrucción.

Recordemos. Chávez impulsó una Constitución en 1999, primer paso del libreto que siguen estos regímenes, para ajustar el modelo necesario para concentrar poderes absolutos y la cooptación de funciones legislativas y judiciales. Por eso, un rediseño del Estado venezolano, que recupere las libertades, la propiedad privada y los contrapesos democráticos, será fundamental para evitar una administración provisional indefinida y, por ende, políticamente inviable.

En el escenario económico parte de un punto crítico, pero ahí es donde está su potencial: energía, minerales, posición geográfica y un joven capital humano y laboral obligado a migrar, es su gran oportunidad. Con casi 20% de reservas de petróleo del mundo subutilizadas: 303.000 millones de barriles, Venezuela requiere un plan de recuperación económica desde este, su principal activo, para rescatar un país colapsado fiscalmente: 556% de inflación —una de las más altas del mundo—, la pulverización de salarios y, así, de la confianza inversionista y monetaria.

La economía venezolana no se recuperará por inercia política. Requerirá un paquete de inversiones para reestructurar la deuda, reconstruir su infraestructura productiva y sacar de la pobreza a sus habitantes. Sin seguridad jurídica, ningún capital regresa, por grande que sea la reserva bajo tierra. Para Colombia, uno de sus principales socios comerciales está la oportunidad de recuperar un mercado cercano y dinámico de frontera. La estabilidad de Venezuela podría convertirse en un factor de crecimiento regional.

La seguridad ha sido un escenario subestimado y, a su vez, el más peligroso. El régimen permitió la consolidación y fortalecimiento de redes de crimen transnacional: ELN, Tren de Aragua, disidencias y hasta grupos extremistas de Medio Oriente, los cuales convirtieron a Venezuela en resguardo de peligrosos capos y cabecillas, plataforma de envío de droga y zona de descanso, entrenamiento y preparación de actos terroristas. Se permitió, promovió y protegió una convergencia de narcotráfico, terrorismo y economías criminales.

Como lo señalé en la columna del 10 de enero de 2025, “Venezuela, disidencias y seguridad nacional”, el riesgo más grande para Colombia es que ELN y disidencias FARC inicien una serie de acciones terroristas que les permitan no solo retornar cabecillas de su retaguardia estratégica en Venezuela hacia El Catatumbo y Arauca, sino disuadir y evitar su abatimiento o captura. No olvidemos que persistirá un violento constreñimiento en las regiones para evitar la elección de una opción diferente a lo que les conviene: más diálogo con impunidad, beneficios o perder sus áreas bajo influencia de economías ilegales.

De lo que no hay duda es que es una derrota contundente para la izquierda y los regímenes que amparan y cohonestan con el crimen. Preocupados deben estar aquellos que han permitido el financiamiento del narcotráfico en política y campañas, o los que persisten en negociar y darle tratamiento político a las disidencias FARC, cuando está probada su vinculación con el Cartel de los Soles de Maduro y sus secuaces.

Este es un primer gran paso hacia la democracia en Venezuela, pero será gradual. No puedo dejar de reconocer y compartir la esperanza de los más de siete millones de venezolanos obligados a dejar su país en la última década, a su lucha por la libertad. Muchos son grandes profesionales, familias honestas y trabajadoras. Que nadie sufra lo que ha enfrentado Venezuela estos años. Para ellos esta columna. Fe y fortaleza.

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