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¿Es mala la hidroelectricidad?

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Camilo Marulanda López Gerente General de Isagen

Una de las consecuencias de la crisis de Hidroituango ha sido un incremento en las críticas a la hidroelectricidad como fuente de generación de energía sostenible para Colombia.

Para tener un debate informado, reiteramos que la hidroelectricidad constituye la mejor alternativa para generación, debido a su alto potencial (Colombia cuenta con cerca de 80% sin aprovechar), carácter renovable y limpio, bajos costos y amplia vida útil, atributos que hacen que el país tenga una de las matrices de generación más limpias del planeta. De acuerdo con XM, operador del Sistema Interconectado Nacional, la oferta actual de hidroelectricidad es de 11.834 megavatios, más de 68% de la capacidad instalada del país.

Sin embargo, han surgido estudios que cuestionan y buscan desacreditar esta fuente de generación con información fuera de contexto, datos imprecisos y argumentos politizados. Revisemos los principales.

Sobre la calidad del agua, se dice que los embalses contaminan o consumen el agua, pero se olvida que para la generación las centrales solo usan la corriente, y no hay cambio alguno en la cantidad ni la calidad del agua. Esta última es el reflejo de la cuenca aportante, y no siempre es la mejor, debido al mal manejo de los vertimientos industriales y domésticos que son depositados en los ríos de Colombia.

Los recursos que las hidroeléctricas invierten en las regiones se destinan a la reforestación y cuidado de cuencas, mejoramiento de vertimientos, educación ambiental y para mejorar el manejo de las aguas residuales. Solo Isagen ha aportado desde 1994 más de $720.000 millones a municipios y corporaciones en las áreas de influencia, que deben ser destinados por ley al mejoramiento de cuencas, saneamiento básico y educación ambiental. Son igualmente importantes las inversiones para el repoblamiento de peces, mediante alianzas con pescadores y pobladores, que garantizan la conservación de la dinámica pesquera y la migración de los peces.

En materia ambiental se dice que los embalses generan pérdida de conectividad para el desove de especies migratorias. Es claro que el establecimiento de una presa conlleva cambios, pero cada río presenta respuestas de adaptación dependiendo de su ubicación y de la cuenca aportante, por ello se implementan medidas de manejo bajo el seguimiento de la autoridad ambiental, a través de la licencia ambiental que tiene cada central para operar. Los embalses, y no solo los de generación de energía, contribuyen a la mitigación del cambio climático, pues controlan las inundaciones y regulan el recurso hídrico en las sequías.

En materia de emisiones, dicen que los embalses son “fábricas de metano” y Gases Efecto Invernadero (GEI). Es claro que en los primeros años un embalse genera emisiones, igual que en todas las actividades humanas, pero no se contextualiza que son significativamente menores a las de la generación con fuentes fósiles (carbón o gas) y que por su mayor vida útil, hasta de 100 años, estas emisiones son comparables con fuentes de generación como la eólica y la solar.

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