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Sudando petróleo

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Amylkar D. Acosta M. Docente de la Universidad Externado de Colombia

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), se preveía que, a consecuencia del enfriamiento de la economía global, atribuible a la guerra comercial que el presidente Donald Trump le había declarado al resto del mundo, la demanda de petróleo en 2020 se reduciría, por primera vez desde 2009, aproximadamente en 90.000 barriles/día, retrocediendo desde casi el  millón de barriles/día de 2019 a 990.000 millones de barriles/día.

De hecho ya veníamos con una sobreoferta de crudo que presionaba el precio a la baja, lo que condujo a la Opep y a otros 10 países más, encabezados por Rusia, que no hacen parte de ella, a hacer causa común para atajar la caída de los precios. Con tal fin acordaron desde 2017 reducir su oferta y esta medida les venía funcionando, al punto que el año anterior el promedio del precio fue de US $64 el barril.

Con lo que nadie contaba era con que en los albores de 2020 se iba a desatar la pandemia del Covid-19 que, al obligar a tomar medidas extremas por parte de los países para contener su avance, se afectaron las cadenas de valor a nivel global, contagiando a la economía. Hemos llegado al punto que, al limitarse la producción y circulación de personas, bienes y servicios, según la directora del FMI, Kristalina Georgieva, “hemos entrado en una recesión igual o peor que la de 2009”. Y esta recesión, todavía en ciernes, afecta la demanda de petróleo arrastrando consigo los precios a la baja, repitiéndose la historia de 2008, cuando la economía global tuvo un decrecimiento de -0,6% y los precios del crudo cayeron de un promedio de US$94,10 el barril en 2008 a US$60,86 en 2009 .

Pero, como por la Ley de Murphy todo aquello que anda mal es susceptible de empeorar, el desencuentro entre los jeques de Arabia Saudita, que lideran la Opep y Rusia, impidió que se extendiera el acuerdo alcanzado y desató una guerra de precios que ha puesto en jaque a los productores y exportadores de petróleo en todo el mundo. Los precios del crudo se deslizaron con tanta rapidez como si bajaran por un tobogán desde US$68,9 el barril de la referencia Brent, el 6 de enero de este año hasta US$22, su menor nivel desde noviembre de 2002. Aunque el precio repuntó hasta US$34 el barril, pero muchos lo interpretan como el rebote del gato muerto, que no revertirá la tendencia, habida cuenta que la demanda se ha reducido en 25 millones de barriles y los inventarios están al tope.

Así las cosas, la economía colombiana va a tener que soportar este año un choque externo a consecuencia de la caída de los precios del petróleo muy severo, después de cerrar el año anterior con los déficits gemelos a cuesta: 4,3% de déficit en la cuenta corriente de la Balanza de pagos y un déficit fiscal aparente de 2,5%. De mantenerse los precios del crudo alrededor de los US$30 el barril por el resto del año, lo que es muy probable y siendo que este renglón de las exportaciones representa 40%, aproximadamente, se teme que el déficit de cuenta corriente puede llegar a superar 5% (¡!). Huelga decir que también impactará el ritmo de crecimiento de la economía.

Además, si tenemos en cuenta que el precio de referencia que se tuvo en cuenta en la actualización del Plan financiero de 2020 fue de el doble (US$60,5 dólares el barril), esta diferencia entre el uno y el otro le pasará factura al Presupuesto General de la Nación (PGN) para la vigencia de 2020 por valor de $12 billones. Empero, la situación se complicaría aún más el año entrante, dado que será entonces cuando se sentirá con todo su rigor el costo fiscal por cuenta de los beneficios tributarios a las empresas, de la Ley de Crecimiento aprobada el año anterior, que se calcula en unos $10 billones y también la caída de los ingresos al fisco por concepto de impuesto de rentas, dividendos y regalías que paga la industria petrolera.

Colombia se verá afectada por partida doble, porque a la baja de los precios, que es ineluctable, se vendrá a sumar la caída de la producción y las exportaciones de crudo porque los pozos que produzcan petróleo a costos por encima de US$30 el barril, que son muchos, seguramente dejarán de bombear. En suma, este bajonazo de los precios del crudo ha puesto a la economía colombiana a sudar petróleo.

Este cuadro tan amenazador fue el que llevó a la firma calificadora de riesgo S&P Global Ratings a rebajar la perspectiva desde estable hasta negativa. Ya a finales del año anterior, la firma Fitch, también le había bajado la calificación inversionista atribuyéndole una perspectiva negativa.

Como afirma Daniel Guardiola, economista de BTG Pactual, “la economía colombiana enfrenta un período desafiante, con un empeoramiento del déficit de cuenta corriente, un aumento del déficit fiscal, una desaceleración de la actividad económica y, finalmente, un deterioro de la calificación crediticia del país y tal vez la pérdida del grado de inversión”. Y estamos a un solo escalón de perderlo.

Una vez más, apelo a la frase del inversionista y empresario estadounidense Warren Buffet, según la cual “solo cuando baja la marea se sabe quien nadaba desnudo” y lo que es claro es que, después del largo ciclo de precios altos de petróleo, que duró desde 2003 hasta junio de 2014, que no supimos aprovechar para corregir los déficit gemelos, la economía colombiana sigue dependiendo en exceso del crudo, sujeta a las oscilaciones de sus precios internacionales cuya curva se comporta como si fuera una montaña rusa.

Bien dijo el Foro Económico Mundial que “Colombia hace parte del grupo de países que debe capitalizar su amplia disponibilidad de recursos energéticos para que, de manera sostenible, pueda maximizar los retornos de la industria y apoyar una mayor diversificación de la economía”. Esta es una de las asignaturas pendientes de la economía colombiana, que no da más espera, para así superar esta vulnerabilidad y asegurar un mayor crecimiento del PIB.

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