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Analistas 16/01/2021

¡El colmo!

Mientras el mundillo de la pequeña política se agita y se dan los primeros escarceos de la contienda electoral de cara a las elecciones al Congreso y a la Presidencia de la República, el país se debate entre el anunciado rebote del crecimiento de la economía por parte del ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla y el rebrote de los contagios y víctimas fatales del covid- 19, según lo informa el ministro de Salud Fernando Ruiz.

En momentos en los que cunde la desazón, el desconcierto y la incertidumbre a consecuencia de la crisis pandémica, el director del Dane, Juan Daniel Oviedo, le reveló al país unas cifras verdaderamente aterradoras, espeluznantes, que delatan la preexistencia a la misma de la pandemia de la pobreza y la desigualdad en Colombia, taras estas que se vieron exacerbadas en 2020, año este aciago para nuestro país. Ello es tanto más preocupante, habida cuenta que es la población vulnerada y vulnerable la que está llevando la peor parte de esta debacle.

Como es bien sabido, desde el año 2012 venía disminuyendo el índice de pobreza monetaria en Colombia, hasta que tocó fondo en 2018 cuando alcanzó 34,7%. A partir de 2019 se revirtió dicha tendencia, registrando 35,7%, 1 punto porcentual más elevado con respecto al año anterior. Según el Dane, en el 2019, 661.899 personas cayeron en la trampa de la pobreza, para completar los 17,47 millones. Vamos de mal en peor. Pero estamos hablando del promedio nacional, en el cual se confunde el valle con la colina, ya que al escarmenar y aterrizar las cifras en los territorios se ponen de manifiesto unas aberrantes desigualdades, las que se denominan eufemísticamente “brechas”.

En efecto, en contraste con el promedio nacional, el mismo índice de pobreza monetaria en el Chocó en la región Pacífica, también promediando la cifra, pasó de 61,1% a 68,4% (¡!) y el de La Guajira en la región Caribe de 53,7% a 61,8% (¡!). Según el Dane, en cuanto al índice de pobreza extrema, el promedio nacional pasó de 7,2% a 9,6%, 2,4 puntos porcentuales más, lo cual se tradujo en que un número de 728.955 personas pasaron de la pobreza a la indigencia, para un consolidado de 3,5 millones (¡!). Por su parte los departamentos de Chocó y La Guajira registraron 36,8% (¡!) y 33,5% (¡!), respectivamente, superando 34,5% y 26,7%, en su orden, del año 2018, en pobreza extrema.

Esta tendencia, aberrante por lo demás, de empeoramiento de la condición social de la abrumadora mayoría de los colombianos. La crisis pandémica está repercutiendo en la pérdida de empleo e ingresos, lo cual va a conducir a que, según el investigador de Fedesarrollo Jairo Núñez, “la pobreza en Colombia va a alcanzar un nivel de entre 47% y 49%”. Dicho de otra manera, seis millones de personas que habían salido de la pobreza volverán a ella, esta vez por cuenta del covid- 19. De manera que, muy seguramente, al cierre de 2020 ¡no estábamos mejor que cuando estuvimos peor!

Ha faltado una política social de prevención, de contención y de mitigación de la pandemia de la pobreza y lo que es peor los distintos gobiernos se han rehusado a aplicar la única vacuna eficaz y segura para combatirlas que es la política de protección, inclusión y cohesión social. De nada sirve que se incluya entre las metas de los planes de desarrollo la reducción de la inequidad, si las mismas no se concretan en acciones eficaces para lograrlo. Es consabido que las palabras que no van seguidas de los hechos son asesinas de los ideales.

Una de las peores y más acuciantes consecuencias de la actual crisis es el creciente número de colombianos que se está viendo ante la imposibilidad de acceder a la ingesta diaria para alimentarse. Según el más reciente estudio del Dane, en Colombia solo siete de cada 10 familias tuvieron acceso a tres comidas al día durante los últimos siete días, mientras que antes de la pandemia la cifra llegaba a 85%.

Esta cifra obliga a encender todas las alertas, porque su impacto va mucho más allá de las frías cifras, las cuales, como dice el célebre escritor mexicano Octavio Paz, se oyen “como quien oye llover, desdeñadas por la sordina y la invisibilización. Pero el hambre acosa a los más desvalidos y acusa la indolencia de las autoridades competentes.

Según el mismo estudio, en promedio, tres de cada diez hogares de las capitales de departamento en Colombia no pueden comer tres veces al día (¡!). Esto es una barbaridad. A consecuencia de la pandemia se cuentan por millares el número de colombianos que están soportando física hambre. Los hogares donde solo se consume una comida al día pasaron de 55.915 a 287.473. Además, 3,2 millones de familias solo están comiendo dos veces al día y a ello se viene a añadir la baja calidad de la alimentación de quienes tienen acceso a ella, la cual deja mucho que desear en los estratos más bajos de la población.

Al igual que ocurre con la pobreza, se presentan ostensibles diferencias entre unas regiones y otras, así como entre unas ciudades capitales y otras, en torno al acceso a los alimentos. Así, mientras en Bogotá el porcentaje de familias que tenían para las tres comidas diarias pasaron de 85% antes de la pandemia a 72%, en el agregado nacional 72,21% de las familias puede contar con el desayuno, el almuerzo y la comida; 24,8% consume dos comidas y 2,6% solo se alimenta una vez al día (¡!).

Cabe mencionar que, según el Dane, las seis ciudades en donde menor cantidad de hogares pueden acceder a tres comidas al día están ubicadas en la Costa Atlántica, son ellas Cartagena (35%), aparecen Barranquilla (46,3%), Sincelejo (48,8%), Santa Marta (50,7%). Ello es algo funesto y sus secuelas serán espantosas en el mediano y largo plazo para un amplio conglomerado humano de este país que vive o mejor pervive este drama. Esto es el colmo!