MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Sea lo primero felicitar a todas las personas que a lo largo y ancho del país, desde sus particulares tribunas sociales, políticas, mediáticas, empresariales, sindicales, comunitarias y virtuales, animaron la multitudinaria movilización ciudadana registrada en las calles de diversas ciudades de Colombia y del extranjero, el pasado 21 de abril.
Fue una verdadera jornada cívica que da cuenta también del auténtico poder constituyente insobornable de una ciudadanía presta a cuidar el patrimonio democrático y republicano de Colombia, últimamente amenazados por acciones, omisiones, gestos y hechos comunicativos de Gustavo Petro, de su equipo de gobierno y de su círculo familiar.
Colombia se moviliza siempre y jamás se petrifica y ésta es una noticia alentadora.
Seguramente Petro despreciará esta jornada, como ya lo ha hecho con otras precedentes; será displicente e incluso emprenderá su acostumbrado estilo de retaliaciones mezquinas que la opinión pública le conoce.
Colombia no tiene en Petro a un estadista con inteligencia emocional al servicio de la cohesión social; es el de Petro un liderazgo tan resentido que no hay siquiera espacio para ejercer el sentido común; con una narrativa que tiene sobreoferta de arengas ideológicas y déficit en ideas edificantes para la vida nacional y local.
La saga de movilizaciones sociales previas, más la del pasado 21 de abril, ha generado un momentum significativo para los sectores de oposición, cada vez más emplazados a trabajar, de manera consistente y responsable, en el propósito de consolidar una alternativa democrática para Colombia de cara a las elecciones de 2026; Colombia busca una alternativa democrática capaz de sobreponerse a estilos populistas, caudillistas, mesiánicos, estridentes y ramplones.
La jornada del 21 de abril demostró igualmente que Colombia puede mejorar sus prácticas de comunicación social y política para construir comunidad de propósito como país y comunión de sentido como nación.
Ante la segura displicencia de Petro, el país tiene que ir pensando en la próxima manifestación pertinente y consecuente.
Amplios sectores sociales, empresariales, sociales, académicos y políticos, empiezan a visualizar un Paro Nacional Total Por la Democracia como estrategia de acción, en el evento que Petro y su equipo insistan en el estilo autoritario , desafiante y desobligante con la sociedad civil colombiana.
Un escenario de estos requeriría, además del concurso de la ciudadanía que ha estado a la base de las movilizaciones hechas hasta la fecha, de la explícita y decidida participación de gremios, sindicatos, medios de comunicación, colegios profesionales, estamentos religiosos, organizaciones sociales y partidos políticos; sería una movilización de la sociedad civil en pleno, actuando como dique a los gestos autoritarios crecientes de Petro y su equipo.
Ciertamente, ese escenario no se puede descartar si se anhela que Colombia no siga recorriendo el infausto camino ya tristemente recorrido por algunos países del vecindario latinoamericano, cuyos nefastos resultados están a la vista.
El ADN de los colombianos es democracia, autonomía, civismo, civilidad; nada que ver con el servilismo ante el autoritarismo de uno u otro cuño.
Es decir, ahora comprar gasolina afuera es más barato de lo que se vende en el territorio colombiano
Honestamente, no sabemos hasta dónde llegará esta tecnología, pero es razonable pensar que en menos de cinco años la forma en que interactuamos con compras, servicios cotidianos y nuestro trabajo -en cualquier industria- cambiará por completo