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Analistas 17/01/2023

La lucha contra la inflación

Alejandro Vera Sandoval
Vicepresidente técnico de Asobancaria

La inflación total cerró en 13,12% anual en Colombia en el año 2022, el registro más alto de los últimos 23 años. Este dato es hoy una de las grandes preocupaciones en materia de crecimiento, poder adquisitivo y bienestar. Su control supone, desde luego, un reto de gran calado para la política monetaria en medio un contexto de desaceleración de la actividad productiva.

Este resultado se asoció, principalmente, al alza de los precios de los alimentos, que bordeó 27,8%. Y aunque es cierto que esta situación nos golpea a todos, la verdad es que el mayor impacto recae en la población de menores ingresos, para quienes este rubro representa cerca del 24% de su canasta de bienes y servicios. Al final, la población vulnerable, incluyendo los que viven en condición de pobreza, experimentaron en 2022 una inflación de 14,9%, es decir, casi 2 pp por encima del nivel nacional. Lo anterior reafirma la noción de que la inflación es el impuesto más regresivo de la economía, pues termina afectando principalmente la capacidad de compra de los grupos con menor ingreso.

Esta dinámica inflacionaria estuvo explicada por fenómenos tanto de oferta como de demanda. Por el lado de la oferta, sobresalen (i) los mayores costos en los insumos luego de la invasión de Rusia a Ucrania, (ii) el efecto retardado del Paro Nacional de 2021 en el costo de los alimentos, (iii) un fenómeno de la Niña más intenso, (iv) la depreciación del peso colombiano que ha llevado al encarecimiento de las importaciones y (v) el incremento de las tarifas de la energía y los combustibles.

Por el lado de la demanda, la economía colombiana ha venido experimentando un crecimiento notoriamente dinámico, en especial en el consumo de los hogares. Al respecto, en 2021 este creció 14,8% real y en lo corrido de los tres primeros trimestres de 2022 bordeó 11,6%, contribuyendo así en más de 80% al crecimiento total del PIB. Este hecho ha dificultado una desaceleración en los precios, como ha ocurrido en otros países de la región, como Brasil, Chile, México y Perú.

Ante esto, el Banco de la República ha respondido de forma asertiva elevando su tasa de interés a niveles de 12%. Y, en este año, en el que se prevé una desaceleración de la economía, actuaciones oportunas y milimétricas en la política monetaria son las que permitirán continuar anclando las expectativas de corto y mediano plazo, al tiempo que se lleva a la economía a su senda de crecimiento potencial.

Y es que si bien elementos como el ajuste esperado en el ritmo de crecimiento de la demanda interna en 2023, las mejores condiciones climáticas como consecuencias de la finalización del fenómeno de La Niña, la moderación en los precios de las materias primas y las mejoras en las cadenas logísticas de valor contribuirían a acotar las presiones inflacionarias, existen importantes factores de riesgo que podrían exacerbarlas. Entre ellos sobresalen el aumento en los precios de los combustibles, una persistente depreciación, el incremento en el salario mínimo y un posible fenómeno climático de El Niño en 2023.

Por ello, a pesar de la disyuntiva que esto podría suponer entre crecimiento e inflación, la asertiva respuesta de la política monetaria continúa siendo, desde luego, un gran imperativo, sobre todo cuando, como ocurre hoy, los mayores impactos de la inflación recaen en los segmentos más vulnerables de la población.

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