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Balanza comercial Colombia - Venezuela
COMERCIO

Miopía nacional en la transición venezolana

martes, 6 de enero de 2026

Balanza comercial Colombia - Venezuela

Foto: Gráfico LR

Todos los actores locales, de lo político, económico y social, actúan como si fueran convidados de piedra en lo que está pasando en Venezuela, olvidando que es el principal vecino

Editorial

A Venezuela le llegó el año nuevo sin su presidente, quien llevaba las riendas del país desde 2013, y que extendía un modelo de gobierno y económico fracasado que ha ocasionado una diáspora de más de 6 millones de personas, siendo Colombia el principal receptor con más de 3 millones. Era un final esperado, una suerte de crónica de un dictador derrocado, así la realidad sea otra pues los militares chavistas siguen aferrados al poder y gozan de un enorme poder de negociación con Estados Unidos, quien ha dicho que controlará el país mientras ocurre una necesaria transición en manos de Delcy Rodríguez, un oscuro personaje del que no se sabe cuál será su verdadero poder.

Luego del guayabo navideño, de fin de año y de la captura de Nicolás Maduro, todo en Venezuela se ve más opaco que de costumbre. Nadie sabe nada sobre la postura de los cuadros militares, en el poder desde las elecciones que democráticamente ganó el fallecido Hugo Chávez, en 1998; desde entonces han controlado todo: empresas, haciendas, hoteles, grandes almacenes, bancos, pero sobretodo, la exploración, producción y exportación de petróleo; riquezas que han generado una nueva clase dirigente que lava el dinero en varios países del mundo y sobre el que no se tiene aún control.

La caída de Maduro no es más que la muerte de un payaso de rodeo, no de un verdadero presidente en ejercicio. Son los militares quienes siguen en el poder y Estados Unidos lo sabe, al punto que pudo llevarse a Maduro a una corte en Nueva York casi que sin novedades en el frente.

Para Colombia, todo lo que ha ocurrido en Venezuela es asustador, pero no como la oposición política ha querido mostrarlo en medio del frenesí de la noticia, de que algo similar puede sucederle a un Presidente de la República legalmente en ejercicio y elegido democráticamente, sino los coletazos de un eventual conflicto interno a gran escala en el vecino país y a multiplicar la diáspora venezolana.

El verdadero problema a mediano plazo para la economía colombiana es ser inferiores al reto de jugar un papel protagónico en la transición y posterior reconstrucción del modelo económico venezolano, un lugar en el mundo privilegiado por los abundantes recursos naturales, y con el cual se comparte una frontera de 1.200 kilómetros y más de 250 puntos fronterizos. Colombia y Venezuela compartieron un comercio, en su mejor momento, de más de US$7.000 millones, era el mercado natural de los empresarios nacionales y el punto de expansión de cientos de empresas, más aún, era el destino de millones de colombianos que emigraban para tener mejores condiciones de vida.

Los empresarios colombianos, y los colombianos en general, deben estar mucho más atentos a lo que está ocurriendo en Venezuela, no con la mirada política, sino con la oportunidad que brinda la transición. Si todo el régimen –con los militares abordo– cae las posibilidades que se le abren a los colombianos son muy grandes, pero si las cosas solo se ven con la rencilla política de estos días, serán otros países los que liderarán el cambio en un país que lo tiene todo para volver a ser grande.

Hay que mirar la cadencia de sucesos en Venezuela como oportunidades económicas reales, no con los ojos populistas de estos primeros días del nuevo año.

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