viernes, 8 de noviembre de 2019

El sistema de las cajas de compensación que funciona en Colombia desde hace 65 años es un modelo de exportación, al tiempo que se debe modernizar de cara a los retos de la economía

EditorialLR

El modelo de subsidios que funciona en Colombia con base en las cajas de compensación es de exportación a países que experimentan cómo las clases emergentes no se han podido consolidar en términos de mejora en su calidad de vida. Hace 65 años empresarios antioqueños tuvieron la idea de desarrollar este mecanismo solidario como puente que uniera a las compañías privadas con los trabajadores -más allá del simple pago de la nómina- todo bajo la lupa de un notario de esa realidad parafiscal como es el Ministerio de Trabajo y al poco tiempo de la Superintendencia de Subsidio Familiar; han pasado seis décadas y media y hoy se puede hablar de un eficiente ecosistema de compensación que han tejido 43 cajas en todas las ciudades capitales y sus departamentos. Esa suerte de fortalecimiento de tejido social se desarrolla a través de recreación, salud, educación y vivienda, entre otros servicios, que no dejan que los trabajadores caigan en la pobreza extrema. Las cajas son los únicos mecanismos que generan movilidad social en términos de calidad de vida y hoy cobija a nueve millones de trabajadores que se extienden a núcleos familiares de casi 22 millones de personas beneficiarias. Es indiscutible su papel en la economía y su rol como facilitador de bienestar, pero las necesarias discusiones políticas y económicas sobre reformas tributarias, laborales y pensionales siempre recae en una necesaria modernización de todo el sistema. El problema es que esta buena labor aún se considera como un costo elevadopara los empleadores dado que desincentiva el trabajo formal y la generación de nuevos empleos. Incluso hay quienes las miran como responsables de la cabalgante informalidad y escasa generación de trabajos con todas las prestaciones, pues el aporte a las cajas que deben hacer los empresarios de 4% es una suerte de impuesto para los emprendedores y para las empresas tradicionales.

En los próximos cinco años, el país económico debe articular tres reformas sustanciales que le pegarán o involucrarán necesariamente a las cajas de compensación, pues la economía de hoy, el aparato productivo de 2020 no es el mismo de 1954. El trabajo por horas en el sistema laboral colombiano impactará los ingresos de las cajas; la reducción de la jornada laboral a 40 o 36 horas les pasará la factura y obviamente el salario mínimo diferenciado por sectores económicos. Las cajas no fueron buenas ampliando su portafolio de servicios sin control como fue entrar el negocio de la salud, las droguerías o los supermercados, servicios bien intencionados que fueron vistos por muchos empresarios como una integración vertical subsidiada. El otro punto crítico es que el trabajador sea pasivo en las decisiones de afiliación, es decir que ellos no puedan decidir en cual caja pueden estar y que sean sus empleadores los que impongan la caja. Ahora en plena cuarta revolución industrial hay nuevas formas disruptivas de trabajar y ser empleado no es el único camino; es menester de las cajas modernizar sus modelos de inclusión para que puedan seguir transformando la sociedad, tal como lo han hecho en estas casi siete décadas. No puede haber resistencia al cambio y este sector de la economía debe ser el pilar en el cual se sostenga la compensación y la derrota de la pobreza con calidad de vida digna.