jueves, 29 de octubre de 2020

La propuesta de anticipar para noviembre la prima salarial que algunos trabajadores reciben en navidad no es apropiada porque socava el ahorro para convertirlo en consumo

EditorialLR

El gremio de los comerciantes, Fenalco, le solicitó a los ministros de Hacienda y de Trabajo, que decretaran el pago de la prima navideña para noviembre para evitar aglomeraciones y disminuir el riesgo de contagio por las multitudes decembrinas que se vienen. A simple vista, parece una propuesta adecuada, desinteresada e inofensiva, pero en el fondo es totalmente inapropiada porque atenta contra el ahorro de los trabajadores y los obliga a convertir ese dinero escaso, muchas veces ya comprometido, en plata de bolsillo, dirigido a un consumo precipitado con un diciembre por delante, con el peligro que las fiestas de fin de año los cogerá sin ingresos extraordinarios.

Los únicos beneficiados son los comerciantes, no los trabajadores que reciben prima navideña. Lo recomendable siempre es ahorrar ese dinero en espera de vacas flacas que se avizoran dado el tardío retorno a la normalidad, la esquiva recuperación, el alto desempleo que campea, lo lejana que se observa la vacuna contra el covid-19 y la incertidumbre aún reinante que se respira en la economía. El consejo más apropiado en estos momentos es saber gastar, ahorrar y sobre todo dosificar los gastos en una temporada que será extraña para el consumo.

El desembolso para el pago de la prima de fin de año mueve unos $4 billones y se calcula que cerca de 5,7 millones de trabajadores reciben menos de $1 millón por esta prestación. Son los trabajadores de menores ingresos, que de recibir en noviembre la prima de diciembre, tendrán que soportar varias semanas de fiestas de fin de año sin un peso, pues la habrán gastado para entonces.

No se puede gobernar con encuestas, pero si se le preguntara a quienes reciben ese pago extra al final de la primera quincena de diciembre, seguramente responderán que es mejor recibir el dinero cuando es y no anticipar los pagos porque ya hay una programación de gastos de vieja data. Y la excusa de que es para evitar aglomeraciones, puede sonar peregrina pues el Gobierno Nacional ha repetido hasta la saciedad la precaución y el alejamiento de las aglomeraciones y tumultos.

El ahorro de los colombianos no es tan importante si se compara con el de otros países similares en la región y es una de las asignaturas pendientes que hay que desarrollar en los colegios, incluso, debería ser un materia obligada la de finanzas personales en la secundaria para evitar problemas económicos futuros y una buena formación en economía de bolsillo, no vivir por fuera de las expectativas ni mucho menos de sus ingresos.

Está claro que el ahorro es la parte del ingreso que no se destina para al consumo, por tanto, no se puede obligar, facilitar o exponer a que el ahorro se convierta en consumo, menos aún con el dinero de los trabajadores de menos ingresos, quienes son los que reciben prima navideña. El ahorro está destinado a financiar dificultades económicas, costear estudios, hacer inversiones sin recurrir al endeudamiento. Una cosa es el ahorro en la economía de bolsillo y otra muy distinta en macroeconomía en donde dicho ahorro es teledirigido al consumo.

Pero al final de cuentas es el dueño de la prima quien debe decidir en qué se gasta ese dinero, lo inapropiado está en que esos $4 billones se destinen para reactivar momentáneamente el consumo olvidando que se viene un largo diciembre.

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