ANALISTAS La profecia
sábado, 8 de diciembre de 2012
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A quienes tienen la potestad de hacer que el proyecto de reforma tributaria, presentado por el Gobierno Nacional, se convierta en ley, en forma respetuosa quiero llamar la atención sobre tan delicado asunto.

 
Sin tener dones de profeta, vislumbro las dificultades que se presentarán un poco más tarde de aprobarse dicho proyecto. Pues no hay duda de que si el actual Estatuto Tributario es de una enorme complejidad, después será un laberinto, en el que más de un experto se perderá.  Igual suerte correrán no pocos funcionarios de impuestos nacionales.
 
Las figuras denominadas IMAN e IMAS, en forma abreviada se pueden definir como procedimientos alternos para determinar la renta gravable de los asalariados, trabajadores independientes y rentistas de capital.  Estas personas, sin perjuicio de calcular la renta según lo previsto en las nuevas disposiciones, también deberán hacerlo por el método tradicional y cancelar el impuesto por la cifra que resulte mayor.
 
Analizando la situación de un pequeño comerciante y otro con una modesta empresa, en que ambos obtienen ingresos anuales de $100 millones, se concluye que con las limitaciones legales a los costos y deducciones, estas personas o liquidan sus negocios o se  convierten en evasores de impuestos, pues de otra manera no podrán sobrevivir. Según estos procedimientos no se permite restar de los ingresos los costos de las mercancías ni las materias primas, que representan un porcentaje importante de éstos. En la práctica, la inmensa mayoría de estos contribuyentes tendrá que cancelar el impuesto de renta de acuerdo con el IMAN o el IMAS.
 
Ojalá que el Ministro de Hacienda o el Director de Impuestos los ilustren con ejemplos sencillos, para tener una idea más objetiva sobre los alcances de estas disposiciones.  Salvo que haya perdido la capacidad de interpretar estas normas, me inclino por pensar que son un despropósito o una burla para muchos contribuyentes que luchan por ganarse la vida. No es razonable, ni justo, que por temor a los evasores, se castiguen a quienes procuran cumplir en debida forma con sus obligaciones tributarias.
 
Tampoco es afortunada la idea de eliminar unos puntos de los aportes parafiscales, a cambio de compensarlos con una declaración adicional llamada Impuesto sobre la renta para la Equidad.  En pocas palabras, en lugar de simplificar, cada vez nos estamos enredando mucho más.
 
Mejor que dar explicaciones sobre la necesidad de hacer una reforma tributaria, que como lo he dicho más de una vez, sea breve, simple y clara, no sobra pedirle a los señores congresistas que visiten las comunas marginales de las grandes ciudades y de pequeñas poblaciones, para que tengan mayor claridad cuando se habla de inequidad y de pobreza.  Si así lo hicieren, podrían esperar un poco, para expedir una reforma integral que corrija tantas injusticias y privilegios, que están consagrados en el Estatuto Tributario.