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ANALISTAS 23/10/2024

El continente perdido

Latinoamérica no aprende. Seguimos siendo la región de las oportunidades que nunca se materializan. Sobre el papel tenemos muchas ventajas, como recursos naturales, capital humano joven y relativamente educado y proximidad geográfica a la mayor economía del mundo. Sin embargo, no hemos sido capaces de capitalizarlas. Hace 60 años gran parte de los países asiáticos eran más pobres que los de América Latina. Por ejemplo, en los años 60 Colombia tenía un ingreso per cápita superior al de Corea del Sur y ahora estamos muy por debajo ¿Qué nos mantiene rezagados?

En mi opinión uno de los factores que ha incidido en nuestro atraso es Cuba. Para nuestra desgracia la revolución de la isla inspiró durante décadas a políticos, intelectuales y subversivos como Allende, Chávez, Ortega, Evo y, por su puesto, a Petro. El régimen de Castro contribuyó a alimentar el ideario político de una generación y nos puso a dudar sobre el modelo económico idóneo para reducir la pobreza y la desigualdad. La ideología Castro-Chavista, que sigue vivita y coleando, nos hace ambiguos a la hora de condenar a las guerrillas marxistas que aún subsisten en nuestro país. Sin duda, el ascenso del chavismo tuvo su origen en la gran admiración que el coronel profesaba abiertamente por Fidel y su régimen. No me cabe la menor duda que una de las razones por las que nuestro Presidente quiere estatizar la salud, es por la leyenda urbana de que Cuba es dizque una potencia médica.

Mientras nosotros llevamos décadas en un falso dilema entre capitalismo o socialismo, países como Singapur, Taiwán y Corea del Sur entendieron que la manera de progresar era promoviendo la inversión privada, invirtiendo en infraestructura y educación y comerciando con el mundo. O sea con más capitalismo, no con menos. Nosotros, por el contrario, todavía estamos discutiendo el sexo de los ángeles como en Bizancio y aún no hemos decidido si queremos ser economías de mercado abiertas, fundamentadas en el crecimiento robusto del sector privado, o si queremos ser naciones pseudo socialistas donde el Estado es el gran organizador de la economía y sostiene a los pobres con dádivas.

Hasta países comunistas como China y Vietnam comprendieron que la única manera de sacar a sus ciudadanos de la miseria era con capitalismo, o sea, dejando que el sector privado hiciera lo que sus gobernantes no pudieron. En el caso de China encontramos la mayor revolución económica de la historia, donde más de 800 millones de personas salieron de la pobreza en un corto período gracias a que Deng Xiaoping abrió su país a la inversión extranjera y permitió el crecimiento de la empresa privada. Su pragmatismo quedó registrado en la célebre frase: “no importa de qué color sea el gato mientras cace ratones”. Más recientemente Vietnam aplicó la misma receta con resultados espectaculares. En los años 90 más de 70% de la población vietnamita vivía en pobreza extrema. Hoy día, menos de 2% está en esa condición.

Albert Einstein dijo: “locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos”. El Gobierno que llegue en 2026 debe replantearse políticas fallidas que atentan contra el crecimiento, como son, por ejemplo, las altas tasas de tributación corporativa, la inflexibilidad del salario mínimo, el alto costo del empleo formal y las consultas previas que obstaculizan proyectos vitales para nuestro progreso.

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