ANALISTAS Jugando limpio
jueves, 27 de septiembre de 2012
La República Más
  • Agregue a sus temas de interés

En buena medida el proceso de globalización de la economía mundial ha generado el surgimiento de nuevos valores que han adquirido relevancia en las relaciones económicas, políticas y sociales: La necesidad de que los niños dejen el trabajo y regresen a la escuela y a los campos de deportes; la tolerancia con las diferencias religiosas y la necesidad de otorgar trato igual a las minorías étnicas; la vigencia de asegurar la equidad de genero y la urgencia de asegurar la sostenibilidad de los recursos naturales; constituyen una nueva agenda que condiciona y determina la inserción exitosa en la economía global.

Muchos de esos nuevos valores se han concentrado en la Responsabilidad Social Empresarial, pues aun cuando se presume voluntaria, su cumplimiento se hace indispensable en la gestión empresarial.

A nivel global se han desarrollado diversas iniciativas que propenden por el cumplimiento por parte de las empresas, de ciertos estándares mínimos respecto a temas como la protección del medio ambiente, los derechos humanos, los derechos laborales, la lucha contra la corrupción y por la gestión transparente, la gestión de la cadena productiva incluyendo a los proveedores externos de las empresas, la consulta con las comunidades del entorno de las operaciones y con los grupos de interés, así como el acceso a fuentes de financiación condicionados al cumplimiento de determinados estándares sociales, laborales y ambientales.

En esta nueva perspectiva, ya no se considera que el objetivo de la empresa sea exclusivamente generar utilidades sin ninguna otra consideración; sino que la empresa debe cuidarse de atender los problemas sociales y ambientales de su entorno de acción y a las inquietudes globales acerca de la sostenibilidad del planeta.

Pero, más allá del cumplimiento del marco legal y del respeto de los derechos universalmente  reconocidos, el incumplimiento de otros parámetros, como la trazabilidad de los productos, las certificaciones ambientales, el respeto a la propiedad intelectual, la aplicación de normas de gestión de la calidad de los productos, la adopción de códigos de conducta; así como la no atención a las preocupaciones de las consumidores; los sindicatos y demás actores sociales pueden convertirse en barreras de acceso a los mercados, con las implicaciones en términos económicos, competitivos y de reputación corporativa que esto conlleva.

Por ello, resulta de la mayor trascendencia que un grupo de empresas exportadoras de desperdicios metálicos haya emprendido en Colombia un proceso de formalización de la actividad del reciclaje de metales no ferrosos, mediante la adopción de un protocolo de compras que garantice la trazabilidad de los materiales comercializados, evitando o minimizando la compra - venta de materiales sobre cuyo origen no exista total claridad.

Sin embargo, esta tarea no puede descansar de manera exclusiva en el último eslabón de la cadena de comercialización, se requiere, para asegurar el éxito, el compromiso de todos los actores de la cadena, incluyendo a las empresas de servicios públicos y a las empresas industriales que generan o adquieren este tipo de materiales, como el cobre y el aluminio, para que igualmente adopten el protocolo de compra de material y este se constituya en un código de conducta, que permita presentar a la totalidad de la cadena como un sector responsable y que le juega limpio a Colombia.