El Circo aceptó el jueves una oferta de recapitalización de sus acreedores, luego de que los prestamistas desestimaran un acuerdo

Mauricio Zuluaga

La pandemia del covid-19 viene dejando en el camino grandes marcas y pone en duda la continuidad de otras. A la larga lista de tiendas de ropa, aerolíneas o restaurantes que se han declarado en bancarrota, se suman empresas del espectáculo. En este último segmento una compañía fundada en Montreal, Cirque du Soleil (Circo del Sol), es referente de lo que está pasando en la industria, y lo más importante aún, su proceso y futuros pasos podrían mostrar el camino a seguir para quienes dependen de la asistencia del público a sus escenarios.

La compañía creada en 1984 por dos artistas callejeros canadienses, y que se convirtió en una de las marcas más reconocidas del espectáculo, acumula deudas superiores a US$1.000 millones. El éxito y la popularidad alcanzada por el Circo del Sol, que a través de 44 shows ha recorrido buena parte del planeta, no se ve reflejado en sus balances. El cese de operaciones complicó más la situación financiera, al punto que el pasado 29 de junio tuvo que acogerse a la ley de quiebras ante la corte suprema de Quebec. Una decisión que fue precedida por el despido de más de 3.500 integrantes de la compañía, entre quienes se encuentran artistas de diferentes nacionalidades.

LOS CONTRASTES

  • Daniel LamarrePresidente y consejero delegado de Cirque du Soleil

    “Durante 36 años, Cirque du Soleil ha sido una organización muy exitosa y rentable. Con cero ingresos, la gerencia tuvo que actuar decisivamente para proteger el futuro”.

La discusión del futuro de la compañía que enorgullece a Canadá y Quebec ha generado el mismo debate que buena parte de las naciones, incluida Colombia, ha tenido que dar para definir hasta qué punto un gobierno debería intervenir para proteger una marca ícono. Por la pandemia los recursos públicos son limitados y el gasto y la ampliación de subsidios para atender la emergencia llevó el déficit del gobierno canadiense a US$264.000 millones, que en proporción al PIB es el peor registro desde la Segunda Guerra Mundial.

A esto se suma que, si bien la empresa mantiene su base en Montreal, desde 2015, cuando su cofundador Guy Laliberté vendió su participación accionaria por más de US$1.500 millones, los propietarios de la carpa son el grupo estadounidense TPG (55%), Fosun Capital Group de China (25%) y el Fondo de pensiones de Quebec (20%).

A pesar del poco margen en materia fiscal, el comité ad hoc que representa 90% de los acreedores del circo presentó una propuesta de acuerdo con la que buscan hacerse con la compañía y capitalizarla con US$300 millones, a fin de hacerla viable y retomar los shows. El acuerdo también contempla mantener a Montreal como sede.

Esta semana el Ministro de Economía de Quebec, Pierre Fitzgibbon, señaló que preferiría no tener que invertir dinero público para mantener al Circo del Sol en la provincia. “Si respetan las condiciones de Quebec y no necesitan el dinero del gobierno, estaré muy feliz porque no me veo invirtiendo en el circo”.

Independientemente de cómo quede la composición accionaria, lo cierto es que la estructura del negocio tendrá que cambiar, pues incluso antes de la pandemia el modelo basado en cientos de artistas y carpas había demostrado no ser rentable.