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Los hermanos André y Édouard Michelin lanzaron en 1900 una cartilla para que los pocos automovilistas de la época pudieran orientarse en carretera
Hace 125 años, la famosa Guía Michelin no hablaba de cocina, sino de caminos. Los hermanos André y Édouard Michelin la lanzaron en 1900 para que los pocos automovilistas que había en esa época pudieran orientarse en carretera: incluía mapas, direcciones de talleres, gasolineras y hasta consejos para cambiar una llanta. Su truco comercial era el siguiente: si la gente viajaba más, desgastaba más llantas y terminaba comprando Michelin.
Con el tiempo, el manual empezó a recomendar restaurantes en las rutas. En 1926, la guía estrenó una estrella para señalar a los lugares con cocina destacada, y en 1936 llegó el sistema que hoy todos conocen: una, dos o tres estrellas según el nivel de excelencia gastronómica. Así nació la idea de que un buen plato podía justificar desde un simple desvío hasta cruzar un país entero solo para probarlo.
Lo que comenzó como un folleto gratuito para viajeros se transformó en la biblia de la alta gastronomía. La guía Michelin ya está en más de 50 países y sus estrellas son codiciadas por chefs que pueden ver cambiar su destino con una reseña. El detalle curioso es que los inspectores que deciden estas calificaciones siguen siendo anónimos. ¿Cómo empezó la tradición? En 1926, los hermanos Michelin reclutaron un equipo de clientes ocultos para visitar restaurantes de forma anónima. El famoso “libro rojo” hoy suma más de 30 millones de ejemplares vendidos en el mundo.
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