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El desarrollo humano crece al ritmo más lento en 30 años
En América Latina y el Caribe conviven países con niveles de vida altos para estándares globales con otros que siguen rezagados en indicadores básicos
El nivel de vida en el mundo está cambiando, pero no como se esperaba. Después de la pandemia, el progreso global en salud, educación e ingresos se ha desacelerado de forma notable. Así lo revela el Índice de Desarrollo Humano, IDH, de la ONU, que analiza 193 países.
El IDH combina tres factores: cuánto vive la gente (esperanza de vida), cuánto estudia (años de escolaridad) y cuánto gana en promedio (ingreso por persona). Con eso se construye una especie de “termómetro” del bienestar. Y ese termómetro hoy muestra una recuperación desigual y crecimiento frágil.
La pandemia marcó un punto de quiebre. En 2020 y 2021, el IDH global cayó por primera vez desde que existe el índice en 1990. Aunque en 2022 hubo una leve recuperación, el informe más reciente advierte que en 2023 el mundo registró el avance más lento en más de tres décadas.

La recuperación tampoco ha sido igual para todos. Aproximadamente 97% de los países ricos ya recuperaron o superaron sus niveles de desarrollo prepandemia. En cambio, menos de 60% de los países pobres lo han logrado.
En América Latina y el Caribe conviven países con niveles de vida altos para estándares globales con otros que siguen rezagados en indicadores básicos.
En la parte alta del ranking regional se encuentra Chile, con un IDH de 0.878, el más alto de la región. Allí la esperanza de vida supera los 81 años y los años de escolaridad llegan a 16.9, lo que refleja un sistema educativo más extendido. Le siguen Argentina (0.865) y Uruguay (0.862), dos países del Cono Sur que históricamente han mantenido niveles altos de desarrollo humano en la región. También destacan en Centroamérica y el Caribe países como Panamá (0.839) y Costa Rica (0.833), ambos con esperanzas de vida cercanas o superiores a los 80 años, lo que los ubica entre los mejores desempeños sociales del continente.
En este mapa regional, Colombia aparece en una posición intermedia, con un IDH de 0.788, ubicándose en el puesto 15 de la región. El país tiene una esperanza de vida de 77.7 años, una cifra relativamente alta en comparación con el promedio global, y una escolaridad promedio de 14.3 años, lo que muestra avances importantes en acceso a educación en las últimas décadas.
Sin embargo, estos datos esconden una realidad más compleja: Colombia no ha logrado dar el salto hacia el grupo de alto desarrollo humano. El crecimiento existe, pero es lento y desigual, especialmente entre zonas urbanas y rurales, donde las brechas en educación y salud siguen siendo significativas. En otras palabras, Colombia no está rezagada, pero tampoco está cerca de liderar. Está en un punto medio estable, pero aún sin una transformación estructural que la impulse al siguiente nivel.
Colombia comparte su posición con otras grandes economías de la región como México (0.789) y Brasil (0.786). Estos países concentran gran parte de la población y del PIB regional, pero enfrentan un desafío común: transformar el crecimiento económico en bienestar social más equitativo. En estos casos, el problema no es solo cuánto se produce, sino cómo se distribuyen los beneficios del desarrollo.
En la parte baja del ranking aparecen países con limitaciones estructurales. Honduras (0.645), Guatemala (0.662) y El Salvador (0.678) muestran niveles de escolaridad que rondan apenas los 10 a 11 años, lo que limita el acceso a mejores oportunidades laborales y sociales. El caso más crítico de la región es Haití, con un IDH de 0.554, una esperanza de vida de solo 64.9 años y una escolaridad de 10.9 años.
Uno de los hallazgos más preocupantes es que la distancia entre países ricos y pobres se ha ampliado durante cuatro años consecutivos. Mientras las economías avanzadas se recuperan rápidamente, los países con menos recursos enfrentan estancamiento económico, menor inversión social y sistemas de salud debilitados. A esto se suma que la pobreza extrema apenas ha disminuido desde 2015 y que algunos indicadores de salud han empeorado. Aunque en promedio las personas viven más años, estudian más y tienen mayores ingresos que hace décadas, el progreso no se distribuye.
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