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Analistas 07/05/2021

El intercambio tecnológico entre economías emergentes puede incrementar el capital de riesgo disponible en América Latina

Stefan Krautwald
Managing Director Latin Leap

Algunos de los mayores retornos en Venture Capital la última década provienen del Sureste Asiático. El informe de capital privado de Ernst & Young en 2018 informa más de 300 acuerdos por un total de más de US $5,2 billones. Bloomberg señala en su Índice de Innovación 2020 a Singapur como uno de los ecosistemas de startups de más rápido crecimiento en el sudeste asiático, y de acuerdo con Startup Genome es un ecosistema valorado en US$25 billones. Hoy en día hay más de 4000 startups en Singapur, un crecimiento significativo de aproximadamente 1.000 en 2014.

Esto ha volcado la mirada de importantes VCs hacia economías emergentes para identificar patrones de mercado similares y la manera en la que se implementan nuevas tecnologías a modelos de negocio innovadores que respondan a los sus principales retos: carente infraestructura, falta de acceso a servicios de salud, financieros, de educación, etc.

Vemos además como Asia empieza a reemplazar a Estados Unidos como referente para la concepción de nuevos modelos de negocios en economías emergentes. El concepto de SuperApp posicionado en Asia a través Wechat, Grab, Go-Jek ha inspirado modelos regionales como Rappi y iFood; que han significado además una innovación en el ecosistema de medios de pago, logística, seguros, que son industrias con demandas similares en ambas regiones.

Además de referente en la construcción de modelos de negocios, la tendencia e2e, emerging market to emerging market, identifica patrones similares en estos mercados que promueven el intercambio tecnológico a través de la llegada de de actores asiáticos a la región como Didi con la compra de 99 en Brasil; Softbank con un fondo de inversión para invertir en tecnolatinas, la expansión de Alibaba a la región, entre otros.

Sin embargo, aún hay una diferencia abismal en el capital de riesgo disponible en estas economías. Mientras que Asia percibe una inversión de riesgo promedio de $96 Bn, América Latina el último año tuvo $4bn. Uno de los retos en LatAm es aprender a ver la región como un todo, hacer frente a la legislación en cada país para poder ser escalable no solo desde el concepto de negocio, sino desde la viabilidad legal.

Adicional a ese primer cuello de botella, nos enfrentamos también a una baja inversión en I+D comparada con el Sureste Asiático que hoy es sede de más de 104 empresas denominadas 'unicornios', donde encontramos innovaciones radicales que aprovechan el contexto dado en economías emergentes y dan lugar a incrementos de eficiencia muy superiores a las innovaciones pequeñas e incrementales.

Lla clave es promover puentes entre ambas regiones: conectar a América Latina con Deep Techs Asiáticas que respondan a las necesidades de transformación de industrias tradicionales o el surgimiento de nuevas industrias, cuidando los espacios ya abordados por los emprendedores locales con una amplia participación en los modelos B2C. El poder de la tecnología es la única vía para generar una ola de inclusión exponencial en regiones emergentes.