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ANALISTAS 05/11/2025

Consulta de cambio

Simón Gaviria Muñoz
Exdirector de Planeación Nacional

La consulta del Pacto Histórico mostró un proyecto que, pese al desgaste del Gobierno, una votación en frío de esa magnitud confirma que Petro mantiene músculo con estructura territorial. Los 2,8 millones alcanzados en la consulta son una victoria monumental para la izquierda, específicamente para Iván Cepeda. Y mientras tanto, la oposición sigue dispersa, atrapada entre egos, siglas y cálculos personales. La amenaza de cuatro años más de petrismo se hace cada vez más real, para enfrentar este riesgo debe haber una consulta donde converjamos todos los que queremos el cambio a Petro, sin sectarismo con responsabilidad.

Los aliados de Gustavo Petro avanzan en la conformación de una nueva convergencia política denominada Frente Amplio con el propósito de definir un único candidato para la primera vuelta durante las próximas elecciones legislativas. Será un proceso de entre seis a siete millones de votos donde claramente Iván Cepeda superará los cinco millones de votos y se podrá elegir un vicepresidente. Cepeda avanza con fortaleza hacia la Presidencia para hacer realidad la constituyente que desea Gustavo Petro.

En paralelo, se trata de crear una consulta de “centro” que rompe la unidad electoral de los que pensamos que Colombia requiere un cambio. Ellos construyen la falsa equivalencia que Petro es lo mismo que Uribe, De La Espriella lo mismo que Cepeda. Un centro que tiene algo de complicidad electoral con la posible victoria de Iván Cepeda en estas elecciones, así como le ayudaron a Petro hace cuatro años. Lamentable porque todos sus miembros serían bienvenidos en nuestra unidad.

Petro tiene un proyecto político. Nosotros por ahora tenemos un propósito enredado en carpintería electoral. Por eso esta columna no es un reclamo: es un llamado. Un llamado de unidad porque el riesgo de la derrota es sustancial. No es desde la ingenuidad, sino a estar a la altura de la historia, poner los intereses del país por encima de los cálculos políticos y las vanidades personales. Una opción que no tema mirar hacia adelante porque la verdadera oposición no es la que grita, sino la que convence; no es la que divide, sino la que propone un rumbo distinto con firmeza. Debe haber unión: una unión que abarque desde la centro izquierda hasta la derecha, capaz de articular las diferentes expresiones de inconformismo con el actual estado del país.

No se trata de revivir viejas coaliciones ni de esconder diferencias. La unidad opositora no debe construirse con discursos de miedo, sino sobre una visión compartida: no a la Constituyente, no a La Paz Total, reactivar la economía, y luchar contra la pobreza. Aunque existan puntos de desencuentro, son más las causas que nos unen que aquellas que nos separan.

Es hora de una coalición amplia que hable de resultados, no de resentimientos. No hay que temerle a la palabra unidad; hay que temerle a la indiferencia. Colombia no puede seguir atomizada en proyectos personales. El liderazgo que viene deberá ser más generoso que orgulloso, más comprometido con el futuro que con la vanidad del presente. Probablemente, si los precandidatos presidenciales no pudieran ser ministros ni aspirar a alcaldías, todo sería más fácil.

Hoy el llamado es simple: unámonos sin sectarismos. No contra alguien, sino por algo esencial: porque este país sobreviva.

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