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Esta ha sido una campaña de muchos ataques a los periodistas y de días difíciles para los medios de comunicación. Es una campaña en la que, además, los influencers han competido por audiencias y momentos que antes eran respetados para la prensa. Hay una fractura desde lo editorial y una fractura en lo digital, que es la competencia por las nuevas audiencias y las nuevas formas de entender el mundo: la tendencia.
En esta columna me concentro en lo editorial. El problema viene del cubrimiento al Gobierno del presidente Gustavo Petro. Este ha sido un cubrimiento excesivamente polarizado, tal como lo ha sido el país en cuatro años de ataques y un discurso violento contra los medios de comunicación que inició el presidente Gustavo Petro. Sin embargo, como lo he dicho en otras columnas, los periodistas también cometimos errores y algunos medios eligieron hacer un cubrimiento que no dejó espacio al reconocimiento de ningún logro gubernamental.
La pelea del presidente con los medios no podía llevarse el cubrimiento objetivo de resultados en política pública. Así como no se le podía obviar nada a las crisis -la de salud, orden público, la deuda y el histórico déficit fiscal-, creo que hizo falta un cubrimiento más neutral frente a la entrega de tierras, el aumento al salario de soldados y la reforma laboral que le entregó beneficios a los trabajadores. Algunos dirán, en esta última, que eso tuvo enormes costos para las empresas. Pero aquí va el segundo argumento.
El país que recibió Petro fue el de una protesta colectiva de jóvenes tras una pandemia. Quienes insisten en decir que las protestas de 2021 y 2022 fueron todas una estrategia de la guerrilla para desestabilizar al país mienten y no conocen los problemas de la gente. La desigualdad en Colombia es real y lo es de una manera desproporcionada. La pobreza monetaria se acerca a 40% y las regiones apartadas han estado condenadas a no sentirse parte del país central. El desarrollo de regiones como la Sabana de Bogotá o el área urbana de Medellín es futurama para Tumaco, en Nariño, y El Tambo, en Cauca.
Al país no central le hicieron falta durante décadas verdaderos proyectos de infraestructura hospitalaria, de vías y de educación. Y también hizo falta política social. ¿Cómo es posible que a soldados les pagaran menos de $300.000 durante décadas? ¿Cómo es posible que los bonos de pensiones para adultos mayores sin pensión fuesen de menos de $80.000 mensuales?
La popularidad inquebrantable de Petro está allí, en las personas a las que les resolvieron esos problemas. Es verdad que la mayoría de la prensa decidió no ver esos aciertos y concentrarse en los colapsos, que claro que se dieron. El más notorio es el del sistema de salud. Luego está el del fortalecimiento de los grupos armados y las guerrillas.
El papel del periodismo debía ser destacar los aciertos y desaciertos de política pública, como es un deber hacerlo para todos los gobiernos, pero me parece que nos quedamos solo en los desaciertos. Eso generó una crispación aguda de una parte del país contra los medios. Luego vinieron errores menos editoriales y más personales.
Periodistas que decidieron pasar a la política y regresaron sin más, pero sin que haya quedado claro aún su papel desde los medios. Como si el periodismo pudiese ser usado para impulsar campañas o para pasar un tiempo de vacaciones políticas sin perder influencia mientras se esperan nuevos cargos públicos.
El periodismo es la salvaguarda de la democracia y el quinto poder. No es una patineta para el poder. Esa confrontación de quienes fueron y vinieron hizo que el papel de todos nosotros se volviera difuso. Creo genuinamente que el trampolín nos hizo daño. Los medios son lugares para quienes apasionadamente quieren contribuir a la sociedad explicando la complejidad del mundo y revelando lo que incomoda.
La campaña tiene a tres candidatos como punteros. Dos de ellos no han demostrado garantías para la prensa. Como periodista y jefe de una redacción, creo que a las tres campañas y al futuro eventual gobierno hay que cubrirlos con el mismo derrotero: con respeto y garantías, con seriedad y esmero, pero especialmente con transparencia e independencia. Ojalá todos podamos aprender y ser mejores para las audiencias.
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