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Balance de 2016: ¿Qué esperábamos y qué pasó?

Ahora que está por finalizar el año, es un buen momento para “tomarnos la lección” sobre nuestras capacidades predictivas en materia de los riesgos macroeconómicos que veíamos un año atrás.  Es claro que el entorno global ha sido más volátil y complejo de lo imaginado por cuenta de las “posverdades” del Brexit, el triunfo del NO en el plebiscito de la paz, la llegada de Trump y la derrota de Renzi en Italia (amenazando nuevamente con el rompimiento de la zona euro).  

A nivel local, Colombia se perfila hacia una fuerte desaceleración a ritmos del 1,8% en 2016 (vs. 3,1% en 2015). Allí va quedando claro que persisten serios problemas estructurales referidos a: i) la crisis exportadora; ii) la baja competitividad del agro y la industria; y iii) los elevados costos del transporte y de la mano de obra.

A pesar del cúmulo de nuevos eventos globales y locales, estos no produjeron alteraciones significativas en el ranking de riesgos que habíamos establecido a inicios del año (de mayor a menor), los cuales comprendían: 1) los desbalances externos; 2) los riesgos inflacionarios; 3) los riesgos tributarios; 4) la desaceleración económica; y 5) el repunte del desempleo.  

Una actualización de dicho ordenamiento de riesgos, más acorde con lo observado en 2016, sería: 1) desbalances externos (inalterado); 2) desaceleración económica (agravado); 3) riesgos inflacionarios (aliviado); 4) riesgos tributarios (aliviado); y 5) repunte del desempleo (inalterado), todo lo cual amerita los siguientes comentarios.

Desbalances externos. Ellos fueron los de mayor envergadura a lo largo de 2016.  Sin embargo, su magnitud (absoluta) resultó algo inferior a nuestras expectativas por cuenta del ajuste de las importaciones (-20% anual).  En todo caso, las exportaciones tradicionales (62% del total) se contraen a ritmos del -27% anual (en dólares), mientras las exportaciones no tradicionales lo hacen al -6% anual.  Así, la balanza comercial seguramente cerrará con faltantes de -3.7% del PIB en 2016 (cerca del -3.8% pronosticado), en tanto que la cuenta corriente sería de -5% del PIB en 2016 (vs. 5,8% pronosticado).

La desaceleración económica. Anif había estado más optimista que el BR, pero también nos hemos visto forzados a recortar nuestro pronóstico de crecimiento del 2,2% hacia 1,8% en 2016 e inclusive hacia solo a 2,2% en 2017 (vs. 2.8% anterior). La magnitud de ese moderado rebote dependerá de los potenciales repuntes en el precio del petróleo y de la aceleración de las obras civiles 4G, tras los retrasos observados durante 2016.

Los riesgos inflacionarios.  Estos ocupaban la segunda posición en nuestro ranking, donde pronosticábamos una inflación entre 4,7%-5,2%.  Si bien la inflación se perfila hacia niveles cercanos al 5,5% al cierre del año (levemente por encima de lo pronosticado), dicho riesgo se ha visto aliviado en términos relativos gracias a menores presiones de demanda y cambiarias.  Infortunadamente, se estaría perdiendo, por segundo año consecutivo, el rango-meta.

Los riesgos tributarios.  Estos ocupaban la tercera posición en nuestro ranking de riesgos, donde avizorábamos la relación Recaudo Tributario/PIB en niveles del 13,7% del PIB (equivalente a unos $117 billones), descendiendo frente al 14,5% del PIB de 2015.  Sin embargo parece que dicha relación estará en 14.1% del PIB (unos $120 billones) al cierre del año, con lo cual los riesgos tributarios han descendido hasta la cuarta posición del ranking.

Repunte del desempleo.  Estos riesgos han resultado en línea con lo que avizorábamos un año atrás, promediando cerca de 9,4% en 2016 (vs. 8,9% de 2015). Curiosamente, el deterioro en el frente laboral ha sido moderado frente al descalabro del sector productivo.  Pero esto parece obedecer a un fenómeno de “trabajadores desalentados”, donde la TGP se ha reducido a un promedio anual del 64,4% (vs. 64,6% un año atrás). Así, de haberse mantenido constante la TGP, el desempleo nacional estaría rondando niveles del 9,6% (y superaría el mencionado 9,4%).